Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
Saturday, September 12, 2026
No pasó
Friday, September 11, 2026
Resistencia cívica contra el desquicio
Saturday, July 25, 2026
Incógnitas
Sunday, May 10, 2026
Día de la Madre, ¿Siempre?
Wednesday, December 31, 2025
AMANTES DE VALPARAÍSO
Amantes de Valparaíso
¡Cuánta inspiración has derramado en las almas
de los poetas, Valparaíso! En cada poema que ha brotado de tus conventillos,
tus viejas fábricas, tus cuarenta y dos cerros y miradores, has ido cambiando
de piel y te recreas como inconmensurable crisálida, mariposa multicolor, con
sus alas desplegadas frente al Pacífico.
¡Cómo te estampaste en las almas de los
marineros, de los transeúntes del planeta que alguna vez pisaron tus adoquines zigzagueantes!
Desde un almacén de tu puerto abarrotado de
fardos, trabajando como un aduanero temporal, el joven nicaragüense Félix
García Sarmiento, Rubén Darío, salió al mundo remeciendo con su pluma -tal como
lo hace el viento sur con los conventillos- los cánones reverenciados y
clásicos de la poesía hispanoamericana. Su libro Azul, disruptivo y modernista,
fue publicado en la Imprenta y Litografía Excelsior, en el Número 14 de calle
Serrano, y surgió de esas caminatas que Rubén Darío realizaba por esa escuela viva que fue para él Valparaíso,
con sus letanías de quebradas y amores sin retorno. En parte de Azul, se lee:
“Sin pinceles, sin paleta, sin papel, sin
lápiz, Ricardo, poeta lírico incorregible, huyendo de las agitaciones y
turbulencias de las máquinas y de los fardos…, subió al cerro Alegre que,
gallardo como una gran roca florecida, luce sus flancos verdes, sus montículos
coronados de casas risueñas, escalonadas en la altura, rodeadas de jardines…
Erraba él a lo largo del Camino Cintura e iba pensando en idilios, con toda la
desfachatez de un poeta que fuera millonario”
Sin lugar a dudas, los poetas tenemos una
deuda filial con Valparaíso, que ha motivado
miles de escritos, empapados de ese relieve disonante, que embriaga de
inmensidad a quien lo recorre.
Hay en esa gran biblioteca de melancolía que
este puerto ha motivado, poemas anclados al adiós de los navegantes y en ellos
se palpa el viento salobre del Puerto, su niebla, el toro del puerto, la
costanera libre para los amoríos adolescentes. Se perciben cantos disímiles que
se escurrieron por las escalinatas interminables hacia el cielo.
En los ojos agotados del exilio martilló
Valparaíso en el yunque de la nostalgia, en cada verso dolido se
arremolinaba una pena profunda. Porque
Valparaíso es la madre tierra, la patria, la energía vital que seca la garganta
de sus habitantes, cuando las distancias imponen su soledad en litorales
ajenos.
Gabriela Mistral, en su discurso de 1954,
cuando arriba al puerto de Valparaíso señala:
“En cuanto a Valparaíso, vive en mi memoria
por la cordialidad de su gente, más esa su alegría que parece una gracia que él
recibe del mar. Si yo viviese en Chile y esto puede pasar algún día, pues nunca
lo he olvidado, no necesitaría para ser feliz sino de ese aire juguetón, y de la presencia marina,
que en todas partes me hace dichosa y cura mis males”
Pablo Neruda, en su Oda a Valparaíso, lo
retrató así: “qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros,
desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida,
te despertó la muerte, en camisa, en largos calzoncillos con flecos de colores,
desnudo con un nombre tatuado en la barriga, y con sombrero, te agarró el
terremoto”.
En su último libro, Canto de Extramuros,
Poemas, Osvaldo “Gitano” Rodríguez Musso, 1994, deja a Valparaíso su
compromiso: “Voy a auscultar tu ausencia, a recorrer con los dedos la textura
del olvido, a escribir el abandono sobre el pasto, a desbordar este silencio,
esta falta de espacio en que tú me has sumergido”.
El poeta Fernando Aranda Orrego (1952-1983) en
su libro póstumo, Última Declaración de los DDHH y Otros Poemas, escribió: “En
los cordeles en que cuelgan las ropas las lavanderas, cuelgo las poesías de mi
patria. Valparaíso, en las noches, con sus cerros de luces encendidas, parece
una gran torta de cumpleaños”.
Juan Cameron evoca a Valparaíso en su poema
Canción: “Yo que andaba buscando fui
ciego antes de verte, desnudo sin tu cuerpo y no habitaba el mundo porque tú
eras la casa, la fuerza que faltaba, el
otro brazo ausente”.
Lorena Rioseco, en su poema Pancho Querido le
habla a Valparaíso: “Pancho, que ni el sol derrita tu oro, ni las tempestades
sequen tus praderas, que no tronen las grietas y que el pobre con calle cuide
tu historia”
Emilio Neira, en su Valparasueños, poemas de
noche y día, apunta: “A ti, ciudad de encantamientos debo la nostalgia, cuando
lejos me encuentro. Al regreso, mi alma se desata, para volar encendido de
pasiones”.
En mi libro Memorias Poéticas y Licencias para
un Reinicio, 1993, publico mi poema Por
Nombre, Valparaíso, y le habló así: “En el primer sorbo de tu espuma, en el
primer asomo hacia tus duendes, te llamé, Valparaíso, enredadera de fantasía en
un mágico recodo del Pacífico. ¿Cómo llamarte hoy, andén del alba? ¿Cómo si ya
no hay lumbre en tus candelas? Padre yo te sentí en astilleros, padre yo te
llevé por mil senderos”.
Desde Suiza, el poeta Ulises Varsovia, en su
libro Por las Calles de Valparaíso, escribe “De un agobiante misterio son las
claves de esta ciudad a orillas del mar portentoso y si no has nacido en ella o
no has vivido largo tiempo entre sus habitantes insomnes, no llegarás a su
meollo de urbe marítima preñada de cuatrocientos enigmas”. “Antes que mi edad
palidezca y se difuminen mis recuerdos,
escúchame pasar revista a mis vivencias sobre tu suelo, escúchame cantar,
Valparaíso”.
Carlos Smith Saravia presentó recientemente su
poemario “Valparaíso”, donde recorre recuerdos y vivencias que ha dejado en su
vida de músico y poeta este anfiteatro. Existe una sensibilidad especial en
quienes, por algunos períodos tuvimos que alejarnos del puerto; y ello reforzó
el afecto y la nostalgia, aunque los retornos en muchas ocasiones fueron
dolorosos.
Y se ha sumado también a esta cohorte de
soñadores porteños, un declamador, el poeta Cristian Belmar, caballero de la
Cofradía Hermética de Les Enfants Terribles.
Somos innumerables, sin duda, los poetas que
hemos cantado a Valparaíso y eso constituye el sello indeleble del amor que
provoca vivirlo o apenas acercarse a él.
Ahora, al cierre del año 2025, quisiera dejar,
desde el sitial de poeta y como directivo de la Sociedad de Escritores de
Chile, filial regional Valparaíso, una acción de gracias a esta ciudad puerto
que encandila, que nadie termina de conocer, que se ha esculpido a sí misma con
la fuerza del amor pionero, con su viento sur como canto a la libertad; y
con esa anarquía de voluntades
indomables, resistiendo los embates aciagos de la naturaleza y del sistema
centralista y plutocrático que lo ha
flagelado con su codicia.
A los poetas nos corresponde descubrir
esencias, proclamar y hacer flamear nuestra palabra. El pueblo de esta ciudad
de temporales, ha producido miles de poetas de la tierra, que han sido capaces
de rebelarse al fuego depredador, a las tiranías y al desamor, con una fuerza
moral sorprendente.
Hernán Narbona Véliz
Poeta, Presidente de la
Filial Valparaíso
de la Sociedad de Escritores
de Chile,
SECH-V. Periodista
Independiente.
Sunday, September 21, 2025
crónica de un colega aduanero
Thursday, September 11, 2025
La noche de muerte y duelo
@hnarbona en Twitter
Wednesday, August 27, 2025
Trompetas de paz
Monday, May 05, 2025
Risa en colores
Tuesday, April 22, 2025
Apuntes de atelier
Desnudo
Sunday, April 20, 2025
El lenguaje en entropía
Saturday, April 19, 2025
Cruzar la línea roja
Romina se despertó temprano. Entró a la ducha
sin remolonear como lo hacía siempre, lavó su cabello y lo sacudió varias veces
antes de enfundarlo en la toalla como turbante. Sabía que no podía cepillarlo
aún y pensó que después de desayuno lo haría.
Se preparó un café con leche y mientras
degustaba el aromático brebaje encendió el celular y releyó una vez más el
mensaje encriptado: nos juntamos en el casino a las 11.
Ricardo pasó como de costumbre a dejar los
niños al colegio, saludó con una seña desde el auto a la inspectora que atenta
en la puerta iba ordenando el flujo de alumnos de ese día. Su mujer los había
despedido, como cada mañana, en su buzo deportivo, preocupada de las colaciones
y las tareas. Una vez que abrió esa mañana como tantas se dirigió a la
universidad, a la primera hora de clase que partía a las 9 y terminaba a las
10:30. El tiempo preciso para alcanzar al casino de la universidad y acomodarse
en una mesa, con impostación de académico. Pero en su piel comenzaba a sentir
las palpitaciones de ese próximo encuentro, en veinte minutos, degustando un
agua mineral, mientras ojeaba sin leer el libro usado en la clase matinal.
Cuando divisó su pelo rizado, húmedo aún, se levantó, chequeó las llaves del
auto en su chaqueta y se acercó a ella, saludándola con un beso en la mejilla.
Vamos, en el camino conversamos.
Cuando ella entró al auto, su perfume fresco
fue un latigazo que le remeció de arriba abajo. Cuando ella añadió una sonrisa
vivaz, Ricardo se dio cuenta que ya habían cruzado la línea roja, que había que
dejar en la tácita complicidad de las miradas todo lo que vendría.
Ella acercó su mejilla color canela y el
depositó un beso con los labios entreabiertos, tratando de transmitir la
hoguera que se venía encendiendo en su pecho.
Condujo entre trivialidades, te acuerdas
cuando fuimos alumnos, esa fiesta del posgrado fue genial, siempre fuiste
impulsivo, quién habla, tú llevabas el juego, en fin fue maravilloso, y aunque
digan que veinte años no es nada, acá vamos, como piezas desgastadas de un
ajedrez no deseado. Ambos con esa deuda, manchando nuestras existencias de
normalidad, ser políticamente correctos. Pero con la procesión guardada en el
subconsciente.
Tienes razón, nos lo debemos. Dicho lo cual
ella le puso la mano en el muslo derecho presionando suave, como diciendo,
calla, está todo dicho.
Llegaron a un hotel en el camino costero. Se
registraron, antes de subir a la habitación decidieron almorzar. Un vino
Cabernet Sauvignon fue abriendo las compuertas de un diálogo pendiente. No
importaban los galardones que cada uno ostentaba. Lo suyo estaba enclavado en
un punto donde todos los sueños flameaban por sus cuerpos, decididos a
revolucionar el mundo. Y, de pronto, sus anhelos y su pasión había sido abruptamente
rota y desangrada de distancia y silencios
Cuando subieron a la habitación se iniciaba la
tarde. Dos maduros amantes comenzaron a redescubrirse, a prodigarse todo
aquello aprendido como autómatas y que ahora cobraba sentido en la naturalidad
de esa entrega que pendía en sus corazones, en forma discreta y dolorosa. Dando
rienda suelta a esa represa pasional, se sumieron en esa burbuja que habían
esperado cada cual en sus propios escenarios.
Unas horas más tarde, Ricardo le pidió una
aplicación que la llevara a casa, donde Romina vivía sola. Él condujo de vuelta
a casa, Abrió las ventanas y un aire fresco borró cualquier rastro de su
perfume. Al llegar, Nancy lo esperaba para cenar; él pasó a dar el beso de
buenas noches a los pequeños y se sentaron a cenar...
¿Cómo fue tu día, amor? Complicado, tú sabes, los fines de
semestre y los proyectos que hay que informar...pesado, pero todo bien...
veamos qué nos cuentan las noticias, dijo, encendiendo la tele.
Romina despertó relajada. Sintiendo todavía en
sus oídos los susurros indecibles de la tarde anterior. Era dueña de su tiempo,
soberana de su cuerpo, pero reconocía que su espíritu estaba acorazado por
desengaños y era vulnerable a esa química exultante que Ricardo le provocaba,
con su tacto y su decir. Haber enviudado en París luego de casi dos décadas
había resultado un detonante. Se abrió para ella la ocasión de regresar, algo
que había esperado largamente. Jean Claude, su marido francés había sido un
ancla de seguridad, cuando sus padres exiliados habían fallecido esperando
poder volver. Había crecido viéndolos decaer y secarse, como la ruda frente a
los deseos oscuros, esperando la noticia que nunca llegó. Fue en la universidad,
donde conoció y aprendió a apreciar el discurso idealista de Jean Claude y su
amor reposado y leal.
Regresar a un Valparaíso que solo conocía por
los nostálgicos cuentos de su madre, fue como arañar en la tierra buscando un
vestigio de su propia identidad.
Haber reencontrado a Ricardo en la vieja
universidad tras veinte años había sido una jugada justiciera del universo.
Coincidir en ese post grado en París, él de paso, becado por su universidad
chilena, ella parisina, en ese pasional instante de utopías, había sido todo como
un chispazo de expectativas que se diluyó en el tiempo, pero dejó su
interrogante en sus destinos.
Ahora, Romina, viuda, era totalmente autónoma,
pero Ricardo estaba comprometido, inalcanzablemente cercano, en piel y
espíritu, aunque habían comprobado que sus energías sincronizadas se habían
atrevido a probar un bocadillo de goce integral.
Él esa noche no pudo conciliar el sueño, no
había culpa alguna, habían cruzado la línea roja y cumplido esa promesa que,
por circunstancias ajenas a sus deseos y voluntad, no pudieron concretar. Nada
sacaba con darle vueltas, el deber se imponía al derecho de ambos de vivir esa
plenitud que pudo ser un derrotero genuino, pero allí quedó, entrampado en las
circunstancias odiosas de un adiós.
Cada cual en sus pensamientos, Romina y
Ricardo se hacían la misma pregunta: ¿lo dejamos acá sensatamente, o nos
dejamos llevar por el desenfreno y asumimos los costos?
Sunday, June 16, 2024
La lámpara minera a carburo
Friday, June 14, 2024
Café de media tarde
Thursday, June 13, 2024
Renacer de la Consciencia
Renacer de la Consciencia
En medio de un desierto, enfrentando el mar, los silencios atiborrados de estrellas te ubican en la nano dimensión del todo, como partícula fractal de lo desconocido. Con el crujir de naufragios cósmicos se desmoronan los paradigmas y los dogmas.
En los círculos del universo, algo te anuncia que hay probabilidades de cambiar de anillos, pasar de lo carnal a lo espiritual, de la banalidad del mal a la consciencia holística de la Naturaleza, saltar de la frustración a la esperanza, del dolor a la risa, del placer al tedio, de la monotonía a la sorpresa, de la razón a la intuición. El libre albedrío orbita en cada acción que realices y la responsabilidad por tus actos no se delega, es tu decisión y sus consecuencias. En el colectivo fluyen las probabilidades y tras cada yerro el retroceso de la involución. Es la rueda de la vida, del pequeño morral en que se nos asigna un tiempo.
Los registros son selectivos, el cerebro solo archiva lo relevante, pero el inconsciente guarda detalles, incluyendo aquello que no quieres recordar porque te avergüenza o te duele. La memoria superpone registros y adultera pasados. Los viejos catecismos huelen rancio, eres producto de dogmas que sesgaron tu mirada. Las anclas se levantan, zarpa una nave a la deriva, debes tomar el timón, el descubrimiento se inicia. Renacer es la impronta para vencer.
Por el remolino huracanado del tiempo asciende una llamarada de interrogantes que buscan descifrar los misterios del universo. Pretensión soberbia pero motivadora. La razón claudica ante auroras boreales y apenas es mi intuición la que se cuela por los pistilos de una flor magnifica para llenarse de polen primigenio. La recurrencia de los sistemas te dicta que lo que es arriba es abajo, es un conocer perceptivo, automático, el cansancio de vivir manipulado por amos torvos y malignos. Quieres develar los olimpos de falsos dioses ebrios, que decaen envidiosos frente a humanas de sangre ardiente. Recorrer los siglos tras vislumbres cotidianas del poder atemporal, el mismo de los festines faraónicos o mesopotámicos, en tiempos submarinos o eras subterráneas, saludando en aldeas o feudos, la llegada de combatientes cazadores, que arriban con el oro de sus saqueos, con pertrechos de sedas y .licores espirituosos.
En ese deambular por el poder, te perfilas como auriga de emperadores o escriba de alquimistas secretos, guardia pretoriano detrás de los bacanales de los poderosos. Vigilando becerros de oro. Simpatizando sensual con diosas vengativas por el adulterio evidente de los dioses con las hembras humanas. La vorágine de una montaña rusa me aterriza en los infiernos, hasta que los consejos de ancianos me contratan de poeta y voy por el circo, declamando líricas adulaciones a los patricios. Ilustrado esclavo, líder de los bufones, la danza del vientre es un precipicio de volcanes desatados, el placer es parte del juego corrupto de reinados degenerados por el incesto.
Veo cómo los sabios se resguardan en catacumbas. Veo las cavernas estampadas de geoglifos diseñados con cinceles mentales. Exploro los campos neuronales para escudriñar los límites del átomo. La física cuántica es un laberinto desconcertante que podríamos recorrer si activamos la conciencia propia. Se entreveran los sofismas, la palabra carece de lógica, es exploradora sin brújulas. Las pirámides son legos de piedra trabajada por la mente, si somos semejantes al creador, también podríamos hacerlo, pero más allá de las habilidades neuronales queda la brecha del espíritu. Dejo aflorar energías dormidas, congeladas en la prehistoria de los dinosaurios, pero la puedo despertar por la hipnosis o la meditación. En este vértigo interior, la palabra es una picota que rompe los tiempos, tanteando con hambre de conocimiento, experimentando puentes hacia lo metafísico, entendiendo como simple mortal y poeta que debemos recuperar los principios naturales de convivencia, rompiendo burbujas que nos aíslan, recuperando la pertenencia al todo, en energías de armonía con los animales y la naturaleza, con humildad, tomando un sitial en el complejo e interdependiente espacio vital, cumpliendo con la evolución hacia un amor desprovisto de ego, hacia todos los seres vivos.
Cuando regresas a tu presente y vuelves la mirada a los poderosos, famélicos en su decadencia, te estremeces con las miles de almas infantiles tronchadas por ese genocidio que en eufemismo callan las élites asociadas en la guerra. Ves a la humanidad tratando de abrir puertas a la paz, pero el odio, el poder y la codicia asociados suman oro y mentiras para tergiversar la realidad y desterrar la paz a las mazmorras. En ese precipicio transitamos, con la inteligencia artificial dedicada a hacer más eficiente las masacres y la resistencia de los pueblos por la Vida y la Paz es categórica, pero perseguida por las élites.
Con la paz, hay un plan maestro refulgente al final del túnel. La humanidad reverdecerá como musgo en los desiertos. Un espacio multilateral, con equilibrio de poder, está naciendo. Pero debemos esquivar la avalancha de estiércol que bloquea los ojos y oídos de las urbes, la ignorancia servil de genuflexos. La mentira edulcorada fluye, frenando convicciones, reprimiendo, la codicia se infiltra por los pasadizos de los templos y los palacios. Los profetas de la vida deberán multiplicarse, copar los parques, llevar la palabra a los sencillos, sin púlpitos ni testeras, formando un enorme coro que eleve las banderas de una nueva humanidad.
Valparaíso, 13 de junio 2024, Hernán Narbona Véliz, Poeta, Presidente SECH-V.
Tarde de lluvia
Tuesday, December 19, 2023
Es la hora...
Sunday, June 18, 2023
Aduaneros
Después de 53 años de vida profesional, como Administrador Público con Mención en Administración Aduanera, habiendo trabajado en las Aduanas de República Dominicana, Ecuador, Bolivia, Paraguay y en la de Chile en dos períodos, 1970- 1973 y 2002 a 2023, al despedirme hoy del Servicio Nacional de Aduanas quiero dejar este poema que rinde homenaje a los trabajadores aduaneros, servidores custodios de nuestras fonteras y del lícito desarrollo del comercio exterior.
Aduaneros
Cuando
los cóndores descubren su refugio
en
la soledad encriptada de milenarios vientos ,
cuando
el puerto se esconde pudoroso de neblinas y pianos,
cuando
el desierto acomete
con
sus silencios de camanchaca
en
la crepuscular frontera de la patria,
saluda el paso de las
caravanas, un vigía, el aduanero,
Con
aguda mirada hurgando los manifiestos,
custodiando
celoso las enormes arcas del firmamento,
Revisando
acucioso, como escribiente del tiempo,
las
fenicias dimensiones del mundo
Incesante
presencia soberana,
extendido
saludo de bienvenida,
cofradía
de leyendas atesoradas,
que
transitan en cajones olorosos de té y especias
por
los almacenes fantasmas de los puertos
El aduanero milenario
custodia
el camino del Inca,
se
instala en la soledad del golfo de penas
y
silba como el viento patagón frente al estrecho
El aduanero, constante
servidor fiscal de las civilizaciones,
convocado
de apóstol,
pastor
de vaguadas,
azul
en poemas,
amistoso
de prostíbulos,
republicano
de sobremesas,
generoso
de amigos,
pulcro
y celoso de escritos,
El aduanero, viajero de
la imaginación,
anclado
por siglos a sus portales,
ve
transitar las arenas
y
es cedazo perspicaz del intercambio.
El aduanero , blindaje
acorazado,
protegiendo
la vida
y
la integridad de la palabra,
comparte
con huemules y cóndores
un
sitial silencioso
en
los emblemas profundos de la patria.
Hernán Narbona Véliz, Agosto 2006.
Wednesday, February 15, 2023
Narco Velorio
Narco Velorio
El día que a mí me maten
yo quiero un narco velorio
sin penas y con jolgorio
Que me despidan sicarios
con cien disparos al aire
y el llanto de mis compadres
El día que a mí me maten
yo quiero un narco velorio
Capilla ardiente, gloriado
Que me despidan contentos
con fuegos artificiales
Que perreen mis cachorras
con mis pequeños soldados
El día que a mí me maten
yo quiero un narco velorio
con jueces y diputados,
Y cien tequilas golpeados
honrando a este gran finado
Que el responso me lo haga
un cura bien inspirado
que perdone mis pecados
y bendiga a los drogados
Y que en mi epitafio se escriba
en la lápida florida:
Respeta mi sepultura
O sabrás de mi bravura.
Hernán Narbona Véliz



