Monday, May 05, 2025

Risa en colores

Cuando te despiertas en un oasis y fluye la risa, quisieras perpetuar ese instante en la encrucijada de una enredadera sin espinas
Es el suspiro que trepa a borbotones y libera toda la noche enquistada de fantasmas. El baile se viene y el corazón se agita, en un balero se concentra el triunfo infantil y eterno de la risa. Se limpian las hélices de un avión de papel y quedas inmóvil, repasando la vida en un instante de genuina alegría fugaz.

Descubro la fábula de la era final, un canto a la tierra fecunda, expulsando sus parásitos hacia los infiernos. Y me río blindado en mi escudo azul, pedido prestado a un arcángel amigo. 
Me río de mi mismo, de mis tozudeces a voz firme, dudando por dentro de todas las promesas esgrimidas en el deseo. 
Me divierte verme en los deja vu y esas  pesadillas que apretaron mis arterias,  esos pensamientos de lujuria que vivían en los transeúntes cuerpos de playas olvidadas. Me río de las adivinanzas que jugué con los espíritus del desierto, las parinas rosadas como florecillas emigrantes de los salares inalcanzables.
Toda la desazón se viene en el primer paneo de una cámara del noticiero nocturno, mientras la vida despliega sus secretos de alcoba por el tedio de  comentaristas rentados.
En esta mudanza, trasgrediendo los límites terrenales, van quedando arrugados los panfletos sabiondos y falaces, los croqueos inventando orgías de auroras boreales, con caleuches iluminando los rincones verde pasionales de los archipiélagos añorados.
Llevo menos, poco sirve, las memorias se decoloran y mi risa borra mis absurdas verdades, apiladas y obsoletas.
Por un vino añejado en garrafas  mimbreadas, me voy deslizando hacia el hielo, con mi fuego interior en resistencia, sintiendo ecos de aquella carcajada que había castrado la torpe.compostura medieval. Liberado de armaduras me baño desnudo en Montecarlo y yago sin vergüenza ni culpa con las deseadas mujeres de mi prójimo. 
Exaspero lleno de colores, el hombre gris de Parravicini no conversa con mis distopias, me rebelo a proféticos clichés y me voy a carcajadas hasta la orilla del mar, a gritar improperios a todo pulmón, desafiando el horizonte tornasol, sabedor que en algún punto del cielo habrá quien escuche mi irreverente rito.
Miserable y redimido, asumo los errores de mis decisiones y simplemente me aferro al arrebato, oportunista, degustando en la caleta una sopa marinera con un tecito frío.

Tuesday, April 22, 2025

Apuntes de atelier





Voy a abrir las  persianas del frutal que habito.
Desplegaré mi cuerpo auténtico desde mi sitial
para que sus escalofríos movilicen los pinceles 
en una batucada de colores
Desafiando motricidades finas
Argumentando obviedades 
para disimular el goce 
que les causa aprehender
 mis silencios.
Soy una pluma cayendo ondulada por sus ojos, musitando matices, dictando a sus mentes trazos de la franca piel de mis normales días.
Sin engalanar mi huesuda anatomía, sin comentar de mis ojeras, sin suavizar mis manos laboriosas, dejando que capturen mi hojarasca, imperturbable ante el brillo de las pupilas del atelier, sin verlos, pero intuyendo su llamarada disimulada,  ignorando mientras poso, el frio azul que se asoma por las rendijas del entretecho.
Cada músculo actúa en mi impostura reflexiva, su sincronía transmite a los talleristas emociones diversas, que juegan en el péndulo de la pasión y el sigilo, insinuando chispas que en cada tablero se van decodificando al trasluz de sus propios sentimientos y prejuicios. Es el juego motivador del arte creativo, que no es de nadie, que flota en el frutal del universo esperando que cada quien saboree sus manjares o sus hieles.
Mientras voy cambiando de posición, reviso de memoria esas cuentas que se amontonan en mi velador y suspiro calculando que pronto la sesión concluye, me haré un té con limón apenas llegue a casa.

Desnudo




La mirada se fractura en tus redondos misterios, remeces mi retina y se asoma temblorosa la tentación por mis trazos exploradores.
Ya no controlo mi muñeca, ella se conecta con tu luz y tus sombras.
El universo se entromete en la hoja en blanco y un espíritu ancestral va emergiendo con tu torso canela que arrebata los sentidos.
Famélico de tu energía, me dejo llevar por el carboncillo que se eleva a fuegos ardientes, imágenes capturadas que orbitan por el lápiz en la sesión colectiva, mientras deseo monopolizar tus perfiles sinuosos y poseer la esencia ardiente que duerme tras cada pose, tras cada movimiento, tras una oferta tácita  que imagino, mis secretas ansias de soñarte y llevarte conmigo, plasmada en todas estas emociones calladas que provoca en mí tu desnudez encantada.
Soy un tallerista encandilado de fragor sensual, absorto en tus erógenos laberintos, entendiendo que eres solo el holograma de pasiones guardadas sin sentido y que trato inútilmente de plasmar en este croquis desesperado.

Sunday, April 20, 2025

El lenguaje en entropía

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El lenguaje en entropía 

La foto que comparto es de mis pequeños compañeros de escritorio, que me observan curiosos, sobre todo cuando escuchan mis interjecciones procaces al enfrentar indignado, cada vez con mayor frecuencia, los estertores de una ortografía mancillada, que se lastima ante una vulgaridad normalizada, que parece guiada por musas analfabetas a los acantilados del corrector automático, pisoteando el lenguaje sin pudor,  en una distopía que se parece mucho a la mutilación que sufren los glaciares por la crisis climática. 

Entonces, pese a la denodada defensa que intentamos los escasos Quijotes de la palabra, que nos atrevemos a expresar descontento por las aberraciones idiomáticas circulantes, la voz metálica de una IA alimentada por algoritmos idiotizantes, va sembrando de errores y horrores  los conventillos virtuales, hasta el grado tal que la propia RAE ha declinado, ante el mal uso que prolifera y se instala,  su rol de custodio formal de lenguaje.
 
En esta vorágine de palabrería y con absoluto irrespeto a la bella lengua heredada, parecen surgir las mismas turbas que incendiaron la Biblioteca de Alejandría o destruyeron las civilizaciones de nuestros pueblos ancestrales, para avasallar en una involución tenebrosa,  al discernimiento y la crítica, procurando instaurar pura y simplemente  una estupidez extendida, despojándonos a los trabajadores de la cultura  de las espátulas de lo creativo, llevándonos  a la calidad de  marginales y de  molestas pulgas en el oído del poder en las urbes. 

Vilipendiados por dogmáticos, discriminadores, excluyentes y fundamentalistas, somos  personas non gratas  para el sistema dominante, contrarios a la voz metálica de la IA que va estructurando las mentes colectivas, demoliendo la riqueza prístina de la palabra creativa.

En mi reducto como escritor, mis dos amigos me prestan un cable a tierra para soportar tanto desquicio.

Saturday, April 19, 2025

Cruzar la línea roja


Romina se despertó temprano. Entró a la ducha sin remolonear como lo hacía siempre, lavó su cabello y lo sacudió varias veces antes de enfundarlo en la toalla como turbante. Sabía que no podía cepillarlo aún y pensó que después de desayuno lo haría.

Se preparó un café con leche y mientras degustaba el aromático brebaje encendió el celular y releyó una vez más el mensaje encriptado: nos juntamos en el casino a las 11.

Ricardo pasó como de costumbre a dejar los niños al colegio, saludó con una seña desde el auto a la inspectora que atenta en la puerta iba ordenando el flujo de alumnos de ese día. Su mujer los había despedido, como cada mañana, en su buzo deportivo, preocupada de las colaciones y las tareas. Una vez que abrió esa mañana como tantas se dirigió a la universidad, a la primera hora de clase que partía a las 9 y terminaba a las 10:30. El tiempo preciso para alcanzar al casino de la universidad y acomodarse en una mesa, con impostación de académico. Pero en su piel comenzaba a sentir las palpitaciones de ese próximo encuentro, en veinte minutos, degustando un agua mineral, mientras ojeaba sin leer el libro usado en la clase matinal. Cuando divisó su pelo rizado, húmedo aún, se levantó, chequeó las llaves del auto en su chaqueta y se acercó a ella, saludándola con un beso en la mejilla. Vamos, en el camino conversamos.

 

Cuando ella entró al auto, su perfume fresco fue un latigazo que le remeció de arriba abajo. Cuando ella añadió una sonrisa vivaz, Ricardo se dio cuenta que ya habían cruzado la línea roja, que había que dejar en la tácita complicidad de las miradas todo lo que vendría.

Ella acercó su mejilla color canela y el depositó un beso con los labios entreabiertos, tratando de transmitir la hoguera que se venía encendiendo en su pecho.

Condujo entre trivialidades, te acuerdas cuando fuimos alumnos, esa fiesta del posgrado fue genial, siempre fuiste impulsivo, quién habla, tú llevabas el juego, en fin fue maravilloso, y aunque digan que veinte años no es nada, acá vamos, como piezas desgastadas de un ajedrez no deseado. Ambos con esa deuda, manchando nuestras existencias de normalidad, ser políticamente correctos. Pero con la procesión guardada en el subconsciente.

Tienes razón, nos lo debemos. Dicho lo cual ella le puso la mano en el muslo derecho presionando suave, como diciendo, calla, está todo dicho.

Llegaron a un hotel en el camino costero. Se registraron, antes de subir a la habitación decidieron almorzar. Un vino Cabernet Sauvignon fue abriendo las compuertas de un diálogo pendiente. No importaban los galardones que cada uno ostentaba. Lo suyo estaba enclavado en un punto donde todos los sueños flameaban por sus cuerpos, decididos a revolucionar el mundo. Y, de pronto, sus anhelos y su pasión había sido abruptamente rota y desangrada de distancia y silencios

Cuando subieron a la habitación se iniciaba la tarde. Dos maduros amantes comenzaron a redescubrirse, a prodigarse todo aquello aprendido como autómatas y que ahora cobraba sentido en la naturalidad de esa entrega que pendía en sus corazones, en forma discreta y dolorosa. Dando rienda suelta a esa represa pasional, se sumieron en esa burbuja que habían esperado cada cual en sus propios escenarios.

Unas horas más tarde, Ricardo le pidió una aplicación que la llevara a casa, donde Romina vivía sola. Él condujo de vuelta a casa, Abrió las ventanas y un aire fresco borró cualquier rastro de su perfume. Al llegar, Nancy lo esperaba para cenar; él pasó a dar el beso de buenas noches a los pequeños y se sentaron a cenar...

¿Cómo fue tu día,  amor? Complicado, tú sabes, los fines de semestre y los proyectos que hay que informar...pesado, pero todo bien... veamos qué nos cuentan las noticias, dijo, encendiendo la tele.

 

Romina despertó relajada. Sintiendo todavía en sus oídos los susurros indecibles de la tarde anterior. Era dueña de su tiempo, soberana de su cuerpo, pero reconocía que su espíritu estaba acorazado por desengaños y era vulnerable a esa química exultante que Ricardo le provocaba, con su tacto y su decir. Haber enviudado en París luego de casi dos décadas había resultado un detonante. Se abrió para ella la ocasión de regresar, algo que había esperado largamente. Jean Claude, su marido francés había sido un ancla de seguridad, cuando sus padres exiliados habían fallecido esperando poder volver. Había crecido viéndolos decaer y secarse, como la ruda frente a los deseos oscuros, esperando la noticia que nunca llegó. Fue en la universidad, donde conoció y aprendió a apreciar el discurso idealista de Jean Claude y su amor reposado y leal.

Regresar a un Valparaíso que solo conocía por los nostálgicos cuentos de su madre, fue como arañar en la tierra buscando un vestigio de su propia identidad.

Haber reencontrado a Ricardo en la vieja universidad tras veinte años había sido una jugada justiciera del universo. Coincidir en ese post grado en París, él de paso, becado por su universidad chilena, ella parisina, en ese pasional instante de utopías, había sido todo como un chispazo de expectativas que se diluyó en el tiempo, pero dejó su interrogante en sus destinos.

Ahora, Romina, viuda, era totalmente autónoma, pero Ricardo estaba comprometido, inalcanzablemente cercano, en piel y espíritu, aunque habían comprobado que sus energías sincronizadas se habían atrevido a probar un bocadillo de goce integral.

Él esa noche no pudo conciliar el sueño, no había culpa alguna, habían cruzado la línea roja y cumplido esa promesa que, por circunstancias ajenas a sus deseos y voluntad, no pudieron concretar. Nada sacaba con darle vueltas, el deber se imponía al derecho de ambos de vivir esa plenitud que pudo ser un derrotero genuino, pero allí quedó, entrampado en las circunstancias odiosas de un adiós.

Cada cual en sus pensamientos, Romina y Ricardo se hacían la misma pregunta: ¿lo dejamos acá sensatamente, o nos dejamos llevar por el desenfreno y asumimos los costos?


Sunday, June 16, 2024

La lámpara minera a carburo

Contemplo la lámpara minera a carburo, hecha de bronce que me hizo Don Luis y recuerdo los huevitos de campo que le encargaba a Paulita, son nuestros amigos collas, a quienes pasaba a ver cada vez que subía al Paso San Francisco. Ellos tenían su pequeño oasis en la quebrada, a los pies del camino a la cuesta El Asiento. Una vida sencilla y profunda, con bisnietos y tataranietos en Copiapó,  pero ellos sólidos en la montaña, con sus animales y su huerta, el fogón encendido y la casa abierta como su corazón generoso, refugio del viajero, último lugar habitado antes de la meseta de Pedernales. Allí los encontró la lluvia gigantesca que partió a los 3500 msnm. Hoy supe que están bien y doy gracias a Dios por protegerlos.

Friday, June 14, 2024

Café de media tarde

Preparo el café 
La media tarde se apaga
El frío ingresa por las rendijas
Y tus manos se hielan
Entonces, circundan el tazón  
buscando abrigo 
tus labios besan levemente el borde
y soplan como en beso.
Yo callo y te observo
Memorizo tu sonrisa
Te acerco un chal cuadriculado.
Enciendo la radio.
Ya viene el radio teatro.
Me acomodo a tu lado
Me compartes una parte del chal
Te abrazo.
Comienza la comedia
Olga Lidia sigue perversa
Charito sigue sufriendo
Hay llantos, te acurrucas
Nos dormimos 
La máquina del tiempo
nos trae de vuelta.
Pasó la tarde
Se acabó el silencio
Se acabó la siesta
Llegan los nietos.

Thursday, June 13, 2024

Renacer de la Consciencia

 


Renacer de la Consciencia

En medio de un desierto, enfrentando el mar, los silencios atiborrados de estrellas te ubican en la nano dimensión del todo, como partícula fractal de lo desconocido. Con el crujir de naufragios cósmicos se desmoronan los paradigmas y los dogmas.

En los círculos del universo, algo te anuncia que hay probabilidades de cambiar de anillos, pasar de lo carnal a lo espiritual, de la banalidad del mal a la consciencia holística de la Naturaleza, saltar de la frustración a la esperanza, del dolor a la risa, del placer al tedio, de la monotonía a la sorpresa, de la razón a la intuición. El libre albedrío orbita en cada acción que realices y la responsabilidad por tus actos no se delega, es tu decisión y sus consecuencias. En el colectivo fluyen las probabilidades y tras cada yerro el retroceso de la involución. Es la rueda de la vida, del pequeño morral en que se nos asigna un tiempo.  

Los registros son selectivos, el cerebro solo archiva lo relevante, pero el inconsciente guarda detalles, incluyendo aquello que no quieres recordar porque te avergüenza o te duele. La memoria superpone registros y adultera pasados. Los viejos catecismos huelen rancio, eres producto de dogmas que sesgaron tu mirada. Las anclas se levantan, zarpa una nave a la deriva, debes tomar el timón, el descubrimiento se inicia. Renacer es la impronta para vencer.

Por el remolino huracanado del tiempo asciende una llamarada de interrogantes que buscan descifrar los misterios del universo. Pretensión soberbia pero motivadora. La razón claudica ante auroras boreales y apenas es mi intuición la que se cuela por los pistilos de una flor magnifica para llenarse de polen primigenio. La recurrencia de los sistemas te dicta que lo que es arriba es abajo, es un conocer perceptivo, automático, el cansancio de vivir manipulado por amos torvos y malignos. Quieres develar los olimpos de falsos dioses ebrios, que decaen envidiosos frente a humanas de sangre ardiente. Recorrer los siglos tras vislumbres cotidianas del poder atemporal, el mismo de los festines faraónicos o mesopotámicos, en tiempos submarinos o eras subterráneas, saludando en aldeas o feudos, la llegada de combatientes cazadores, que arriban con el oro de sus saqueos, con pertrechos de sedas y .licores espirituosos.

En ese deambular por el poder, te perfilas como auriga de emperadores o escriba de alquimistas secretos, guardia pretoriano detrás de los bacanales de los poderosos. Vigilando becerros de oro. Simpatizando sensual con  diosas vengativas por el adulterio evidente de los dioses con las hembras humanas. La vorágine de una montaña rusa me aterriza en los infiernos, hasta que los consejos de ancianos me contratan de poeta y voy por el circo, declamando líricas adulaciones a los patricios. Ilustrado esclavo, líder de los bufones, la danza del vientre es un precipicio de volcanes desatados, el placer es parte del juego corrupto de reinados degenerados por el incesto.

Veo cómo los sabios se resguardan en catacumbas. Veo las cavernas estampadas de geoglifos diseñados con cinceles mentales. Exploro los campos neuronales para escudriñar los límites del átomo. La física cuántica es un laberinto desconcertante que podríamos recorrer si activamos la conciencia propia. Se entreveran los sofismas, la palabra carece de lógica, es exploradora sin brújulas. Las pirámides son legos de piedra trabajada por la mente, si somos semejantes al creador, también podríamos hacerlo, pero más allá de las habilidades neuronales queda la brecha del espíritu. Dejo aflorar energías dormidas, congeladas en la prehistoria de los dinosaurios, pero la puedo despertar por la hipnosis o la meditación. En este vértigo interior, la palabra es una picota que rompe los tiempos, tanteando con hambre de conocimiento, experimentando puentes hacia lo metafísico, entendiendo como simple mortal y poeta que debemos recuperar los principios naturales de convivencia, rompiendo burbujas que nos aíslan, recuperando la pertenencia al todo, en energías de armonía con los animales y la naturaleza, con humildad, tomando un sitial en el complejo e interdependiente espacio vital, cumpliendo con la evolución hacia un amor desprovisto de ego, hacia todos los seres vivos.

Cuando regresas a tu presente y vuelves la mirada a los poderosos, famélicos en su decadencia, te estremeces con las miles de almas infantiles tronchadas por ese genocidio que en eufemismo callan las élites asociadas en la guerra. Ves a la humanidad tratando de abrir puertas a la paz, pero el odio, el poder y la codicia asociados suman oro y mentiras para tergiversar la realidad y desterrar la paz a las mazmorras. En ese precipicio transitamos, con la inteligencia artificial dedicada a hacer más eficiente las masacres y la resistencia de los pueblos por la Vida y la Paz es categórica, pero perseguida por las élites.

Con la paz, hay un plan maestro refulgente al final del túnel. La humanidad reverdecerá como musgo en los desiertos. Un espacio multilateral, con equilibrio de poder, está naciendo. Pero debemos esquivar la avalancha de estiércol que bloquea los ojos y oídos de las urbes, la ignorancia servil de genuflexos. La mentira edulcorada fluye, frenando convicciones, reprimiendo, la codicia se infiltra por los pasadizos de los templos y los palacios. Los profetas de la vida deberán multiplicarse, copar los parques, llevar la palabra a los sencillos, sin púlpitos ni testeras, formando un enorme coro que eleve las banderas de una nueva humanidad.

Valparaíso, 13 de junio 2024, Hernán Narbona Véliz, Poeta, Presidente SECH-V.

Tarde de lluvia


En tu pelo, la huella de la harina, te hace más bella. Es una tarde invernal. La calabaza verde nos regala la pulpa imprescindible, la harina como la nieve va acunando al zapallo y comienza el idilio, la comunión, el rigor que da calor, que va gestando la masa esponjosa, aderezada con la manteca hirviente, la levadura. 
En medio de latas entonando la batucada del cielo, algún trueno curioso se asoma. La masa vapuleada reposa y se entibia en el raiki mágico de las manos amadas. 
Luego, el uslero tiende la masa como alfombra olorosa, para que vayan surgiendo  como lunas llenas las prometedoras compañeras de la lluvia. 
Ya el aceite hierve, algún relámpago queda ignorado por el sortilegio de la cocina. Van cayendo las redondas sopaipillas  hasta salir bronceadas, olorosas, apilandose mientras la tetera suena convocando a cebar mate, a la ceremonia de escuchar en los inviernos relatos milenarios. 
Las constelaciones se rinden al embrujo y en torno a la mesa de madera se convocan las generaciones para el culto a la vida, frente a un invierno conmovido que se va retirando. 
El aroma de las sopaipillas sumergidas en el almíbar de chancaca, anuncia el penúltimo manjar de los dioses. 
El último será escuchar ese nuevo cuento que nace de las cocinas blanqueadas de harina y de sueños, en los dias de lluvia.

Tuesday, December 19, 2023

Es la hora...

Las alondras reclinan su vuelo tornasol
y los grillos desafinan al entrar la noche. El canto que susurras va remeciendo las esperas y la tibieza del reencuentro se anticipa entre suspiros rojos. Una esquela reposa sobre el velador y un villancico, a lo lejos, va despejando las penas, apilándolas en el jardín, bajo helechos empapados de rocío. Es Navidad y, justo a tiempo, la puerta se abre y todo se borra en el fragor de un beso milenario.

Sunday, June 18, 2023

Aduaneros

 

Después de 53 años de vida profesional, como Administrador Público con Mención en Administración Aduanera, habiendo trabajado en las Aduanas de República Dominicana, Ecuador, Bolivia, Paraguay y en la de Chile en dos períodos, 1970- 1973 y 2002 a 2023, al despedirme hoy del Servicio Nacional de Aduanas quiero dejar este poema que rinde homenaje a los trabajadores aduaneros, servidores custodios de nuestras fonteras y del lícito desarrollo del comercio exterior. 

Aduaneros

 

Cuando los cóndores descubren su refugio

en la soledad encriptada de milenarios vientos ,

cuando el puerto se esconde pudoroso de neblinas y pianos,

cuando el desierto acomete

con sus silencios de camanchaca

en la crepuscular frontera de la patria,

 

saluda el paso de las caravanas, un vigía, el aduanero,

 

Con aguda mirada hurgando los manifiestos,

custodiando celoso las enormes arcas del firmamento,

Revisando acucioso, como escribiente del tiempo,

las fenicias dimensiones del mundo

Incesante presencia soberana,

extendido saludo de bienvenida,

cofradía de leyendas atesoradas,

que transitan en cajones olorosos de té y especias

por los almacenes fantasmas de los puertos

 

El aduanero milenario

 

custodia el camino del Inca,

se instala en la soledad del golfo de penas

y silba como el viento patagón frente al estrecho

 

El aduanero, constante servidor fiscal de las civilizaciones,

 

convocado de apóstol,

pastor de vaguadas,

azul en poemas,

amistoso de prostíbulos,

republicano de sobremesas,

generoso de amigos,

pulcro y celoso de escritos,

 

El aduanero, viajero de la imaginación,

 

anclado por siglos a sus portales,

ve transitar las arenas

y es cedazo perspicaz del intercambio.

 

El aduanero , blindaje acorazado,

 

protegiendo la vida

y la integridad de la palabra,

comparte con huemules y cóndores

un sitial silencioso

en los emblemas profundos de la patria.

 

Hernán Narbona Véliz, Agosto 2006.


Wednesday, February 15, 2023

Narco Velorio

 


Narco Velorio

El día que a mí me maten

yo quiero un narco velorio

sin penas y con jolgorio

 

Que me despidan sicarios

con cien disparos al aire

y el llanto de mis compadres

 

El día que a mí me maten

yo quiero un narco velorio

Capilla ardiente,  gloriado

Que me despidan contentos

con fuegos artificiales

 

Que perreen mis cachorras

con mis pequeños soldados

 

El día que a mí me maten

yo quiero un narco velorio

con  jueces y diputados,

Y  cien tequilas golpeados

honrando a este gran finado

 

Que el responso me lo haga

un cura  bien inspirado

que perdone mis pecados

y  bendiga a los drogados

 

Y que en mi epitafio se escriba

en la lápida florida:

Respeta mi sepultura

O sabrás de mi bravura.

 

 

Hernán Narbona Véliz

Thursday, November 03, 2022

El tango en Valparaíso

 Me asomé a tus balcones, Valparaíso.  Iba por el tango,  a buscarlo en los adoquines lustrosos de un cuento.  Vagué por tus ascensores de hierro sonoro  y nadie lo silbaba como antaño.  Caminé quebradas, descubrí derruidos aquellos  viejos bares  donde reinaba el tango como un duque, donde los marineros sembraban sus promesas. 

Y llegué a tu corazón bohemio y bebí un vino  nostálgico en el Cinzano. Allí divisé el tango. Dos espectros pálidos intentaban dibujarlo, en la plaza Aníbal Pinto, trataban de bailar el tango porteño.  

Humillado tango urbano, en torno a un sombrero  con escasas monedas,  una  dura  impiedad rasgando sus  historias.  Tamaña delgadez trazando cuchillas en la noche,  susurrando malarias de modernos conventillos.  

Tango valpino que estás en mis cerros,  ¿cómo te viniste apagando?  ¡cuánta falta le haces a los barrios enjaulados! 

Dime, tango amigo, cómo llenar de nuevo los crepúsculos  de bandoneones eruditos, de madres entonando tus versos, de tórridos romances  inflamando el pecho de mujeres solitarias. 

Vine por ti, tango añorado, Y me duele tu ausencia, Me parte el alma ver el mendrugo de voz que te han dejado. Y me juego a entonarte, con Ledesma, Pichuco, la Tana Rinaldi, Piazzola, Te invito a subir con Altez a los patios del mundo,  arrebozando un recuerdo  y pintando un boceto que te deje seguir.  

Tango porteño, como tú, en esa flaca esquina,  no me resigno a morir.  



Poeta Narbona, 2 de noviembre de 2015. 

Saturday, October 22, 2022

La necesidad de resiliencia


El buque sin el remolcador queda al garete. Los volantines siempre se encumbraron con mano experta; hábiles esquivaron las provocaciones de los jotes con hilo curado.

El enorme navío tiró el ancla dirigido por un práctico.
El tesista necesitó del linotipista, éste del corrector de pruebas.
En la cadena de vida, los eslabones minúsculos siempre han sido trascendentes.
En la soberbia del Titanic se evidencian los errores del mando.
En la burbuja del poder, se destruye el sentido común y muere la representatividad.
En el reposo del tiempo, el duelo se diluye y viene de nuevo la resistencia.
Elegir exige tino y el tráfago vivido impidió verificar las cualidades reales de ésos en quienes depositamos un cometido, un mandato.
Cansa observar la actitud acomodaticia de los políticos, que hacen sus arreglos para seguir siendo élites, recogiendo las propinas de los que poseen todo y lo cuidan a todo trance.
Cansa haber caminado 7 décadas con la expectativa de lograr los cambios.
Pero, nos estamos apagando como generación y la de recambio no ha dado el ancho. Así se van desplazando y empalidecen las utopías. Pero, ojalá, que se toque fondo y el pueblo aprenda, que recuperemos el paso y el grito, que nos juguemos, de verdad por un país más decente.
El dolor aprieta el pecho
Es el desaliento frente al ignorante
Es el agobio ante la desesperanza
Es una lágrima que me llega desde mi viejo en su infarto sin despedidas
Es el hastío
Es la epopeya mutilada
Es el abrazo de la traición
Es la carencia de tiempo
Es el sueño arrugado y sobreviviente
Es un tejido a telar que se vuelve a empezar
Es la música prohibida en silbidos de mazmorras.
Es el cuero duro de la Resistencia.

Monday, June 27, 2022

Acróstico de Homenaje al Compañero Presidente, Salvador Allende


 Se escucha rotunda tu voz pausada

Al obrero llegó tu sacrificio heroico

Los traidores lastimaron tu memoria

Vienen estudiantes rompiendo candados

Aumentan los ojos mutilados

Despiertan los pueblos y marchan

Odisea de paz la unidad construye

Retumba la fuerza que dejó tu palabra

 

Al clamor de justicia crece el feminismo

La mujer lidera con ternura y verdad

Los primeros pueblos nos enseñan

El respeto a la tierra y la armonía

Nacen de nuevo los bosques devastados

Del espíritu y voluntad de multitudes

Eleva la Historia tu integridad democrática

Thursday, June 02, 2022

Tramposa

 


Tramposa

Zalamera, mentirosa,

tu voz algo empalagosa

Gentil, demasiado amable,

diría, casi extenuante

Traficas con tus decires,

Insistes en tus afanes,

Estafas con espejuelos

Sonríes como caimanes

La insidia llena  tus cuentos

Halagas, juras afectos,

Te escudas en simpatía,

Artista de la falsía

Disparas más de una lágrima

Tus dardos van con cicuta

Prometes mucha ternura,

son estrategias espurias

Coqueta, fina, seduces,

Lloras dolores, penares

Tras miradas de deseo

escondes ruines afanes

Tu alma es lápida fría

detrás de esos labios rojos,

trepando usas argucias

destruyes sueños de locos

Y aunque simule creer

tus tretas de seductora

No me compres por ingenuo,

Te percibí mentirosa

Y aunque  yo te siga  el juego,

vampiresa, en tus lujurias,

no me alcanzarán tus trampas,

ni tus redes voluptuosas

Tus hechizos trasnochados

son cual rímel revolcado

resbalarán por mi piel,

como áspid congelado

Desnudaré tus falsías

con una estrofa encendida

y al cabo, terminarás rugosa,

por tus hieles, consumida.

Hernán Narbona Véliz

Sunday, May 29, 2022

MACHO ALFA

 

Macho Alfa

 

La impronta de tenerte

me la inculcó tu llama,

te admiré frágil, brincando pentagramas,

en los columpios del crepúsculo,

inocencia y deseo balanceabas.

 

Quizá te soñé

tras los aprontes de un cuento.

Quizá tu perfume trazó

una línea en la arena, que crucé,

con bríos de conquista,

absorto en tus labios susurrantes.

 

Tras tus gafas, tu risa,

en inteligente prestancia,

al juego de luces y sombras,

me llevaste

 

A tu lado, de la mano,

beso a beso,

fui aprendiendo del sabor,

el perfume o la fuerza,

de tus encantos, tus esquirlas,

tu pasión o tu rabia.

 

De la mano crecíamos,

yo creía conducir la marcha,

mientras  tú, cual enredadera,

de los prejuicios de bosque

te burlabas,

 

Demostrando en miradas,

condescendientes o malvadas,

que intentar poseerte

era estúpida palabra.

 

Rebelde compañera,

en dolores, la calma,

fragua indeleble,

pasión desbordada.

 

Amarte por glaciares,

vertiente inusitada,

desmanteló e hizo añicos,

prejuicios patriarcales

 

Como ingenuo cervatillo

aprendí a ser feliz, la locura,

incliné mi cerviz

y me abrigué en tu ternura.

 

Porque, si a tus redes de pasión

me habías invitado,

llevabas tú las riendas,

en cabalgatas temerarias.

 

Muy pronto aprendí

que poseer es a objetos

y que amar es entrega emparejada,

que caminar

en comunión de abrazos,

es propuesta sabia,

declinando los sofismas

de ser un  macho alfa.

 

Hernán Narbona Véliz

Valparaíso 29 de mayo de 2022

Sunday, April 24, 2022

Mi escuela Manuel Rodríguez Número 77 del cerro Polanco. 50 años después.


Por la cuadra de Basterrica


Mi Escuela Manuel Rodríguez del cerro Polanco

• Vuelvo, cincuenta años después, a presentar mi poesía a la escuela Manuel Rodríguez del cerro Polanco, donde un profesor normalista, Sergio Escobar, guió su primer Taller Literario Infantil, publicando en 1960 la Antología "Ventanario, Cristal y Luz del Niño".


Eran los años cincuenta, gobernaba Chile Don Gabriel González Videla, el político radical que había dictado la Ley Maldita en contra de los comunistas. Después vendría Ibáñez del Campo, en su segundo mandato, y el 58 saldría elegido Jorge Alessandri Rodríguez, el paleta.

La calle en que viví de niño se llamaba Basterrica y estaba entre Fuentecilla y Simpson, a una cuadra de la Escuela 77, Manuel Rodríguez. En una esquina estaba el Retén Polanco, con caballerizas sobre Fuentecilla y de la otra esquina, el almacén 16 de Agosto. Doblando la manzana estaban la Zapatería de Miño y el puesto de Doña Ema, que vendía cloro y jabón gringo, con un hijo llamado Gilberto que se hizo empresario de las micros Barón. En la siguiente esquina por Simpson estaba el almacén de Don René, en un clásico emporio oloroso a canela y otras especias. Al medio de la manzana se ubicaba el cité con un patio grande en torno al cual se alineaban las piezas. Un chofer de los trolebuses, entonces Empresa de Transportes Colectivos del Estado que se había inaugurado el 1 de enero de 1953, el Señor Zurita, que tenía como 10 hijos, arrendaba casi todo el cité. La dueña de todo el barrio era doña Benita Solari y su hermano Colombo. Ellos vivían en la mansión ubicada detrás de la entrada al ascensor Polanco. Cada mes yo acompañaba a mi madre a pagar el arriendo y admiraba la casa enorme, que siempre permanecía con los muebles cubiertos por paños blancos, como una casa sin alma.

Un poco más arriba, por calle Simpson, vivía don Enrique Duarte, Director de Escuela y casado con mi tía Marta Villarroel, hermana de mi abuela paterna, que tenía dos hijos, el Polito y el Carlín, todos ellos fundadores de la Junta de Vecinos del Cerro Polanco.

Recuerdo a mis vecinos y muchas historias de barrio. Hubo algunas trágicas que entraron a formar parte de las leyendas del cerro.

Mi casa ocupaba casi toda la cuadra de Basterrica y se ingresaba a ella por el número 16, por una escala coincidentemente de dieciséis peldaños, que llevaba a un largo corredor que tenía las piezas hacia el lado de la calle y glorietas con vidrios hacia el patio interior, donde habían dos casas, la de Doña Marina y la de la Sra. Adela. Era la nuestra una amplia casa y en el corredor había muchas plantas, la cocina, un par de lavaderos con artesas y el baño. Tenía también la pieza del carbón donde se almacenaban los sacos de carbón y también sacos de papas. Al fondo, colindando con el retén estaban las piezas de comedor y el dormitorio de mi abuela Laura, donde me acomodaron cuando nació mi hermana y tuve que dejarle a ella la cuna de bronce en la pieza de mis padres.

Desde niño dominaba mi espacio y la casona grande estaba llena de primas que venían a estudiar de Petorca al Liceo 1 de Niñas, llamaban a los espíritus y se lavaban sus largas cabelleras con quillay y shampoo Sinalca. Por las tardes, las mujeres a tejer y a uno lo tenían de enhebrador de agujas o con los brazos extendidos como desenrollador de madejas de lana, mientras las historias saltaban, iban y venían los comentarios sobre el barrio, la política, todo lo cual yo absorbía como esponja, grabándolos a fuego de brasero en mis fantasías infantiles.

Mientras mi hermana jugaba a la payaya con una bolita de cristal y un conjunto de piedras pequeñitas, sobre la toilette de mármol en la pieza de la abuela, yo permanecía en medio de las mujeres escuchándolas en silencio, como en un radioteatro del que era auditor privilegiado y casi exclusivo.

En otra ala del segundo piso, en la misma cuadra, arrendaba dos piezas independientes la Señora Jovita, que tenía dos hijas, la Patty chica y Laura. Bajo nuestra casa vivía la Señora Marina que vivía en la casa de planta baja tenía dos hijos. Hernán, un muchacho grandote, adolescente, y Patricia, de mi edad. También estaba la casa de la Señora Adela, que vivía con su marido, su hija Chelita, su nieta Rosita, y su papá, un abuelito encorvado que liaba sus cigarrillos a mano, sentado a la puerta de su casa.

En la esquina, frente al 16 de Agosto, estaba la Carnicería del Chino, que vivía en una hermosa casa del Paseo Taiba y tenía un hijo de mi edad. En la vereda de enfrente estaba el puesto de pan de la Señora Hortensia, las casas de mi profesora Sara, y la de la Sra. Emilia, una mujer de pelo cano y colorada, con pinta de alemana, que tenía dos hijos varones, uno de los cuales estaba casado con Victoria a quien llamábamos Toya. Frente al retén vivían la Pocha y Miguel, compañeros de curso en la Escuela 77, Manuel Rodríguez

Un día supimos que el hijo mayor de la Señora Marina se había suicidado, nunca se aclaró el porqué y después de la tragedia ellos se cambiaron..

Cuando llegué al segundo año de preparatorias, mi compañera de banco fue Rosa Escalante, Pochita, que me juraba que se casaría conmigo si yo le hacia las tareas, pero después de hacérselas se reía y yo la perseguía y le tiraba la trenza, siendo reprimido por la profesora Señora Sara con literales tirones de orejas, hasta que decidió terminar con el idilio, cambiándome de puesto.

En una ocasión, con Patricio Herrera en tercer año de preparatorias, ambos con 7 años, nos peleamos en el recreo y el resultado de la lucha fue que los botones de nuestros suspensores saltaron y la señora Sara nos puso delante de todo el curso a colocar esos botones. Yo enhebré la aguja pero el Pato era muy torpe para pegar un botón y estábamos en ese castigo cuando llego la mamá de Patricio, Doña Elsa Guerrero a salvarnos, pues ella pasaba por la escuela y de pura casualidad nos libró del castigo en medio de las risas de todo el curso.

También hubo tragedias en ese pequeño escenario de infancia, hechos que empañaron la alegría del barrio.

En la calle Basterrica jugábamos con pelotas de trapo unas pichangas sensacionales, allí anduve en triciclos y monopatines que me hacía mi papi, sólidos en un fierro pesado que imponía respeto. Allí saltábamos con un enorme cordel hombres y mujeres, jugábamos al trompo y en los dieciochos corríamos carreras de ensacados. La Junta de Vecinos funcionaba en el Comité, una sede social a la vuelta del Retén, justo donde empezaba el Paseo Taiba. Allí se podía bajar a una quebrada, donde se había hecho una pequeño explayo que llamábamos cancha de los pacos. En esa cancha se instalaban los circos pobres que iban por los cerros llenándonos de fantasías. En ese Paseo Taiba que llevaba a la Plaza Santa Margarita en Larraín, el cerro vecino, se hacía la fiesta de la chaya, en la que nos disfrazábamos de piratas pintando las caras con corcho quemado y usando pañoletas rojas y parches en el ojo.

En la plaza Santa Margarita celebrábamos la semana del niño y nos hacían plantar arbolitos, que hoy deben ser adultos mayores, y recitar en el podium con micrófono, cuestión que te llenaba de adrenalina.

Una historia trágica ocurrió en la calle Basterrica, cuando un camión atropelló a un niño que quiso colgarse, pero resbaló. Ocurrió casi en la puerta del Retén y todos lloraban el hecho. Desde entonces las mamás nos restringieron los juegos y el Cachorro, un paco malo con corazón bueno, nos corría de la calle y se quedaba con las pelotas de trapo, para mantener despejada la vía que empezaba a tener el paso rutinario de los microbuses.

El dueño del almacén 16 de Agosto era un vecino de nombre Fernando, un tipo pintoso, de ojos claros y bigote castaño. Se casó con una de las mujeres quinceañeras más lindas de los carnavales de primavera, la hija del dueño del Yate, el negocio que estaba en la plaza. Gran alegría hubo en el barrio y la divisamos vestida de blanco, radiante del brazo de su marido Fernando. Pero, el hombre era violento y un lunático que comenzó a maltratar a su bella mujer, el barrio entero lo supo y fue el comidillo de todos. Hasta que un día, ella, aburrida lo dejó y se fue a vivir con un chofer de microbús, cuando recién comenzaban los recorridos al cerro, desde el Pasaje Quillota hasta la calle Basterrica. Fernando cerró el Almacén y nunca más se le vio por el cerro.

Este episodio fue en la misma época en que en el cerro Molino se realizaba el casamiento de homosexuales y el diario El Clarín colocaba con error un titular que estigmatizó al cerro para siempre “Casamiento de locas en el Cerro Polanco”, en circunstancias que la boda gay, como se la habría llamado ahora, se había realizado en el cerro El Molino, vecino a Polanco, hacia la quebrada Santos Ossa, que comunicaba con el cerro O`Higgins.

En mi calle Basterrica la Señora Adela sufrió también la pérdida de su hija Chelita en una trágica situación. Ella era una mujer de unos 37 años, que cantaba tangos mientras restregaba ropa en la artesa y yo la miraba desde mi balcón. Tenía una voz hermosa, siempre se la veía enfundada en unas polleras largas, ropa oscura, calzando su destino de solterona que había perdido el tren del amor. Pero, en ese actuar discreto que imponía la hipocresía de época, Chelita supo mantener un fogoso romance con un carabinero, que trabajaba en el retén contiguo. Al parecer por un embarazo que había llegado demasiado tarde, Chelita murió. El dolor fue tan intenso que esa familia fue muriendo en breve tiempo, Partió primero la Sra. Adela, luego su marido, que al enviudar se había casado con una señora que tenía dos hijas. Al final, la familia partió a Santiago y Rosita, mi dulce enamorada de infancia, con quien jugábamos a las visitas, al doctor y otras perversiones infantiles, se tuvo que ir a Santiago y yo con mis ocho años entendí del amor imposible por primera vez.

Así fueron desmoronándose los actores de ese escenario de infancia, con imágenes de alegrías y con los dolores sumergidos como cualquier barrio chileno.

Otro hito trágico ocurrió en los sesenta, después del terremoto de 1965. Nosotros ya nos habíamos mudado de Basterrica y vivíamos más arriba, en Fuentecilla. El terremoto dejó inhabitable el edificio y muy pocos se quedaron en la manzana, donde la final se construyó el condominio Población Paicaví.

Como todos los miércoles y sábados, doña Victoria, nuera de la Señora Emilia, había ido a la feria de Avenida Argentina y subía por el Ascensor Polanco con sus bolsones cargados de frutas y verduras. Ese ascensor, para quienes no lo conozcan, tiene en su parte baja un túnel de unos 100 metros que penetra tal cual una mina en el corazón del cerro, donde se observan vertientes que fluyen y se canalizan desde la roca viva hacia los costados del largo túnel. En sus orígenes había dos carros que funcionaban y llevaban a la torre, pero a partir del terremoto de 1965 sólo se dejó un carro y la gente hacía fila en el túnel para subir hasta la torre. Desde el mirador al cerro, un puente. Cuando Doña Toya lo cruzaba con sus dos bolsones que nunca soltó, el puente se desmoronó y ella murió trágicamente al caer desde una altura de 30 metros al vacío. Ese puente tuvo siempre el sino trágico de los suicidas que lo utilizaban para su partida.

Años después, en los años ochenta, compré para mi familia una casa en el sitio exacto donde había vivido de infancia. Allí se criaron mis hijos, pero eso es otra historia.

En una ocasión viniendo de la feria, un miércoles o un sábado, divisé en el túnel una mujer con dos bolsas en sus brazos. Apuré el paso para alcanzar el próximo ascensor y vi que la mujer llegaba a los pies del ascensor y la perdía de vista cuando doblaba al fondo, donde una banca de madera servía de lugar de espera. Mayúscula fue mi sorpresa al llegar a ese mismo sitio, sin encontrar a nadie, en circunstancias que aún el ascensor no bajaba. La mujer había desaparecido y me quedó la sensación de que era el espíritu de Doña Toya repitiendo su trayecto fatal.

Leyendas e historias en torno a la Junta de vecinos del cerro Polanco, un barrio que tuvo en esas familias miembros entusiastas que creían en las familias como espacio seguro para el crecimiento de sus hijos, en un Valparaíso donde los pitos de las fábricas cada amanecer llamaban al trabajo, las madres nos ponían nuestros buzos color crema y partíamos a la escuela, formados en el patio, con el pelo peinado con gomina hecha de membrillos o con jopo endurecido con limón. Los domingos eran con matinales en el teatro Metro, había catecismos en la Iglesia del Pilar, había partidas en la Laguna y al regreso de Barón estaba el convento de las Carmelitas con sus enormes muros y sobre la esquina la imagen de la virgen del Carmen, punto obligado de persignación y oración.

Fueron los cincuenta, con una realidad de barrio que al relatarla hoy adquiere una dimensión fantástica, con la vitalidad del ingenio con que se inventaban juegos con algarabía y picardía. Tenía tres o cuatro años cuando mi abuela me leía el Peneca y mi madre coleccionaba la revista Para Ti. En casa se acumulaban las revistas Life y O`Cruzeiro, en donde se podía leer noticias de la reciente segunda guerra mundial y la guerra de Corea.

Cuando me llevaron a kindergarten ya había aprendido a leer y por ello me saltaron directamente a segundo de preparatoria con la profesora Sra. Sara Pérez, que cojeaba y tenía el pelo con permanente, el sello adusto, pero un corazón generoso del porte de una casa, que imprimiría valores y buenas costumbres en sus alumnos, haciéndolos gente de bien. En mi curso había jóvenes de todas las edades. Recuerdo a mi amigo Luis Vergara, al que llamábamos Condorito, que tenía una gran habilidad para las caricaturas. También a los compañeros de curso como el Pato Herrera, Darío Mercado (Nieto de la Sra. Sara). Con el Pato y su hermano Gonzalo hemos compartido períodos intensos de nuestras vidas, en cambio, a mis viejos compañeros Barrientos, Piccardo, Yañez, Carreño, nunca más supe de ellos y eran parte de la Antología Ventanario, Cristal y Luz del Niño.

Dirigía entonces el equipo de profesores la Profesora Josefina Morfino y trabajaban las profesoras Olga y Alicia Herrera Pérez, hijas de Doña Sara. La profesora de Kinder era la Srta. Teresa, que usaba unos grandes lentes, detrás de los cuales había una linda mujer, de simpática sonrisa. Otros profesores fueron Luis Zaldaño y Sergio Escobar que llegó a la Escuela el año 59, realizando en dos años una gran labor, cuyos resultados marcaron mi vida para siempre.

Ahora, en un torbellino de recuerdos, invitado por la Junta de Vecinos del Cerro Polanco y su centro cultural, me preparo para reencontrarme con mi infancia, volviendo orgulloso a mi escuela pública Número 77, Manuel Rodríguez, a compartir mi poesía, cincuenta años después.

Valparaíso, sábado, 24 de abril de 2010