Monday, October 12, 2026

Desde el agobio


Un equilibrio perfecto arrullaba los campos de cigarras. Las palmas se asomaban desde las colinas y las mariposas disfrutaban los nardos y cardenales  que enmarcaban los senderos 
Todo vibraba en armonía, la canción de los chincoles preguntaba por ese tío Agustín que imaginamos con zapatos de payaso, bailando entre paraguas.
De pronto, el remolino depredador de las inmobiliarias, apropiándose de las ciudades. La codicia cambiando los planos reguladores, el cemento lascivo cubriendo  humedales, cercando los parques, el progreso expulsando a los caseríos de adobe, las acequias amigables que olían a petricor, las bicicletas que daban vueltas en torno a la plaza, todas siendo desplazadas por condominios impersonales,  amurallados, ignotos.
Los glaciares muriendo por tronaduras, la minería apropiándose del subsuelo, los incendios expulsando al habitante del terruño, todo vale en el saqueo.
El generoso saber que ligaba las cocinas y boticas con los herbarios comunitarios, fue prohibido por dogmas excluyentes, por una imposición del negocio farmacéutico. Así fue cambiando el mancillado terruño, alienado por ráfagas de mentiras y pócimas oficiales.
Un monstruoso control comenzó a asediar los espacios comunes de la sociedad, el humanismo fue proscrito 
Las vueltas por la plaza resultaron sospechosas.