Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
Wednesday, September 18, 2013
Recital de Poesía Erótica en SECAL. Agosto 2013
"Agresiva en su indudable belleza, usando con displicencia y relajo esa piel canela encandilante, usted transgredió intencionadamente los límites y me dejó sintonizado a las fantasías que vino sembrando, cimbreante y lúdica por mi vereda, dejando esa estela inocente e incendiaria, que me ha hecho olvidar mis cabildeos sobre el big bang o las especulaciones sobre los destinos de Wall Street, anulando mi concentración necesaria, destapando aromas del Caribe, en la liviana cobertura del algodón blanco ajustado a sus piernas, empinadas en esos tacones, rojos como el fuego de sus ojos almendrados.
Incitación a la lujuria que ha trastornado mi mesura y que me obliga a representarle mi profunda molestia por su belleza, desbocada como gacela sobre mis frágiles convicciones..."
Fragmento de Incitación a la Lujuria, del libro Cable a Tierra, 2010.
Sunday, May 01, 2011
Ánima del mar
No
escarmentaba la torpe doncella, mojada y revuelta de arenas, se quedaba en la
orilla como una cometa. Pero luego, insistía, jugando graciosa, al mar se
volvía, a sacar la arena de su pelo negro y sus orejas pequeñas, Y de nuevo las
olas hacían de ella una tromba risueña, gracilarias y luches revolcados de
espuma, se quedaban con ella.
Al mar no
temía, aunque ella era niña de sierras, que del mar no entendía gran cosa,
mantenía entre sueños de almíbar y acuarelas celestes o rosas, sus castillos de
arena encantada, jugando entre caracolas del monte a ser una dulce sirena, de
voz entonada y ligera.
Una tarde
siniestra, se cuenta, retozaba en la
arena soñando, cuando vino una ola gigante que no supo de juegos ni anhelos, la
envolvió para siempre en su ira, la llevó mar arriba, hasta el cielo, la dejó
constelada en silencio.
Por las
tardes de verano en Caldera, a las playas desciende la niña, la veréis
correteando muy pálida, entre espumas rosadas o lilas, como un alma en pena y
pequeña. Cuando cae la noche desértica, ella renace en caracolas y luna, su canto seduce en las
playas a mendicantes poetas en pena y, con un himno de ingenua sirena, les
sacude y calma cadenas. Mas, si ellos se duermen con ella, se los lleva en
espumas de estrellas, los encumbra en las olas doncellas y se pierden por
siempre sus versos en el anaranjado horizonte de Caldera.
Comarca de los Poetas, Chañaral, 1 de mayo de 2011