Caminé por las calles de un puerto
releyendo tu pálida esquela
Imaginé nuestro hijo primero
aferrado a tu pecho en su sueño
Marchité mi pequeña romanza
entre trompos, un beso y un trueno
Resbaló por mi frente de circos
una ronda de hadas, un perro
Con bolsillos sin migas ni alondras
atravieso la Boca y San Telmo
Recostada mi franja de hastío
silba lenta una canción de cuna
Ensayando descubriré alguna
o quizás me la enseñen mil lunas
Sobre cruda distancia de cartas
quiero regalarle una canción de cuna
Las conjugo al viento en Palermo
por las calesitas del viejo zoológico
Remontando dimensiones de invierno
quedan titilantes, buscando un destino
Pero luego fenecen junto a mis silbidos
se va haciendo triste mi afán musiquero
Aprendiendo canciones de cuna
para pronto, espero, susurrarte una.
_____________________________
Buenos Aires, Agosto 1974.
Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
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Monday, October 07, 2013
Saturday, October 05, 2013
Acuarela
Un cerro tranquilo recuesta
su otoño de ascensores
en la plomiza gramilla del Pacífico
Dentro de este cerro arrebolado
de ropas multicolores que danzan
entre silbidos de polvo,
casi al llegar a su frente
donde ondea la niebla en pensamientos,
se descubre un cántico suave
con aroma a leche hirviendo,
empapando el barrio
de un cosquilleo de rumores
Es un canto susurrado apenas,
desde la boca joven, prometida,
se prolonga como seda
volando hasta el marco
de la acuarela íntima,
la sensual pintura
de las madrugadas tersas
En este momento yace el cerro
cansado de inviernos
Muda en su cima
la casa rosada no ríe ni sueña
Envuelta en esperas
la mujer suspira,
acunando al hijo
y un vacío espina.
_____________
Buenos Aires, Julio 1974.
su otoño de ascensores
en la plomiza gramilla del Pacífico
Dentro de este cerro arrebolado
de ropas multicolores que danzan
entre silbidos de polvo,
casi al llegar a su frente
donde ondea la niebla en pensamientos,
se descubre un cántico suave
con aroma a leche hirviendo,
empapando el barrio
de un cosquilleo de rumores
Es un canto susurrado apenas,
desde la boca joven, prometida,
se prolonga como seda
volando hasta el marco
de la acuarela íntima,
la sensual pintura
de las madrugadas tersas
En este momento yace el cerro
cansado de inviernos
Muda en su cima
la casa rosada no ríe ni sueña
Envuelta en esperas
la mujer suspira,
acunando al hijo
y un vacío espina.
_____________
Buenos Aires, Julio 1974.
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