Me he devorado la novela de Juan Antonio Silva, RIL Editores, 2025 , y he querido expresar en esta columna, todas las remimiscencias que motivó sentir su intensa lectura.
Porque Juan tiene esa capacidad de describir una escena cinematográfica que ocurre en el Estadio de La Paz, una tarde de partido internacional, entre las selecciones de Chile y Bolivia, en donde los topones casuales se convierten en causalidad , en hilo conductor del destino.
Yo conozco las empinadas galerías de ese estadio y al leer esa escena, inmediatamente quedé atrapado en la inteligente trama.
Una historia que fluye sin moralejas, como la.vida misma, Instalada en los años 30 del siglo XX, en pasos que confluyen en una entrega dosificada de ese entorno contemporáneo de principios del siglo XX, a través de las amenas conversaciones de los protagonistas; así se va.pintando el marco político y social de ese tiempo, con la caída de las salitreras, el espejismo del petróleo, el oro de sangre, la dictadura de Ibáñez, el surgimiento del nazismo en Alemania y de dos amigos buscavidas que van con osadía e ingenio creando oportunidades.
El reencuentro con las raíces andinas aimaras, el sentido de pertenencia a la tierra y toda la.cosmovisión de esas comunidades milenarias, versus la actitud traidora de los que ostentan el poder dominante, van envolviendo al lector, mostrando ese mundo que ignoramos y desmerecemosn con soberbia desde los centros urbanos colonialistas.
En lo personal, mi conocimiento de Bolivia no ha sido superficial, ya que por largos períodos me tocó trabajar en sus territorios. Por eso sentí cercano cuando el autor habla de VillaMontes en la provincia de Tarija, pues allí se instaló la Planta de Aceites Comestibles de tecnología belga, De Smet , donde tuve a cargo toda la logística del proyecto llave en mano. Y los apellidos Peñaranda, Balivian, me parecieron
cercanos, pues participé en la.modernizacion de.la.Aduana de Bolivia y redacté la normativa para ello. Muchas veces cruce el eje Santa Cruz, Cochabamba , La Paz dictando clases en la universidad NUR, o en la universidad de Oruro, conociendo de ese oro que viene del Beni y los joyeros trabajan en Oruro. Vivir por períodos largos, trabajando en un país, te hace conocer su realidad en forma humana, no como un simple turista de.souvenirs.
Conocer el Salar de Uyunis, a 5 mil msnm es una experiencia diferente, descender a los Yungas, es controlar el vértigo.
Bien, el libro lo sentí cercano, sus historias de un realismo mágico indudable, mucho más que una novela histórica porque presenta el ethos cultural profundo de los pueblos originarios, lo absurdo y criminal de la Guerra del Chaco, su impacto real en esos pueblos aimara y guaraní, que pusieron los muertos, por intereses foráneos arteros y repudiables.
He disfrutado una tremenda novela que cruza de lo fantástico a la dimensión cercana del Güelito que fabricó esa honda genuina, canalizando todo el amor acumulado en.medio de rigores y porfías.
Me ha permitido conocer mejor a este músico, poeta y narrador, que honra a sus ancestros y es producto de este mestizaje sencillo profundo que se produce en los pueblos, cuando la.música, el amor y la aventura hilvanan identidades sin fronteras.
Felicitaciones a Juan Antonio Silva por este libro de homenaje a sus ancestros, que pasa a ser nutriente para conocer la historia sencilla y apasionante de nuestros padres y abuelos.
Porque "Adiós, Sorata" es una pieza literaria que nos acerca como indoamericanos. Y sus entresijos, un reposo de espiritualidad y poesía de un gran escritor.
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