Wednesday, December 31, 2025

AMANTES DE VALPARAÍSO

 

Amantes de Valparaíso

 

 

 

¡Cuánta inspiración has derramado en las almas de los poetas, Valparaíso! En cada poema que ha brotado de tus conventillos, tus viejas fábricas, tus cuarenta y dos cerros y miradores, has ido cambiando de piel y te recreas como inconmensurable crisálida, mariposa multicolor, con sus alas desplegadas frente al Pacífico.

¡Cómo te estampaste en las almas de los marineros, de los transeúntes del planeta que alguna  vez pisaron tus adoquines zigzagueantes!

 

Desde un almacén de tu puerto abarrotado de fardos, trabajando como un aduanero temporal, el joven nicaragüense Félix García Sarmiento, Rubén Darío, salió al mundo remeciendo con su pluma -tal como lo hace el viento sur con los conventillos- los cánones reverenciados y clásicos de la poesía hispanoamericana. Su libro Azul, disruptivo y modernista, fue publicado en la Imprenta y Litografía Excelsior, en el Número 14 de calle Serrano, y surgió de esas caminatas que Rubén Darío realizaba por  esa escuela viva que fue para él Valparaíso, con sus letanías de quebradas y amores sin retorno. En parte de Azul, se lee:

“Sin pinceles, sin paleta, sin papel, sin lápiz, Ricardo, poeta lírico incorregible, huyendo de las agitaciones y turbulencias de las máquinas y de los fardos…, subió al cerro Alegre que, gallardo como una gran roca florecida, luce sus flancos verdes, sus montículos coronados de casas risueñas, escalonadas en la altura, rodeadas de jardines… Erraba él a lo largo del Camino Cintura e iba pensando en idilios, con toda la desfachatez de un poeta que fuera millonario”

Sin lugar a dudas, los poetas tenemos una deuda filial con Valparaíso, que ha motivado   miles de escritos, empapados de ese relieve disonante, que embriaga de inmensidad a  quien lo recorre.

Hay en esa gran biblioteca de melancolía que este puerto ha motivado, poemas anclados al adiós de los navegantes y en ellos se palpa el viento salobre del Puerto, su niebla, el toro del puerto, la costanera libre para los amoríos adolescentes. Se perciben cantos disímiles que se escurrieron por las escalinatas interminables hacia el cielo.

En los ojos agotados del exilio martilló Valparaíso en el yunque de la nostalgia, en cada verso dolido se arremolinaba  una pena profunda. Porque Valparaíso es la madre tierra, la patria, la energía vital que seca la garganta de sus habitantes, cuando las distancias imponen su soledad en litorales ajenos. 

Gabriela Mistral, en su discurso de 1954, cuando arriba al puerto de Valparaíso señala:

“En cuanto a Valparaíso, vive en mi memoria por la cordialidad de su gente, más esa su alegría que parece una gracia que él recibe del mar. Si yo viviese en Chile y esto puede pasar algún día, pues nunca lo he olvidado, no necesitaría para ser feliz sino de  ese aire juguetón, y de la presencia marina, que en todas partes me hace dichosa y cura mis males”

Pablo Neruda, en su Oda a Valparaíso, lo retrató así: “qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste  tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte, en camisa, en largos calzoncillos con flecos de colores, desnudo con un nombre tatuado en la barriga, y con sombrero, te agarró el terremoto”.

En su último libro, Canto de Extramuros, Poemas, Osvaldo “Gitano” Rodríguez Musso, 1994, deja a Valparaíso su compromiso: “Voy a auscultar tu ausencia, a recorrer con los dedos la textura del olvido, a escribir el abandono sobre el pasto, a desbordar este silencio, esta falta de espacio en que tú me has sumergido”.

El poeta Fernando Aranda Orrego (1952-1983) en su libro póstumo, Última Declaración de los DDHH y Otros Poemas, escribió: “En los cordeles en que cuelgan las ropas las lavanderas, cuelgo las poesías de mi patria. Valparaíso, en las noches, con sus cerros de luces encendidas, parece una gran torta de cumpleaños”.

Juan Cameron evoca a Valparaíso en su poema Canción: “Yo que andaba buscando  fui ciego antes de verte, desnudo sin tu cuerpo y no habitaba el mundo porque tú eras  la casa, la fuerza que faltaba, el otro brazo ausente”.

Lorena Rioseco, en su poema Pancho Querido le habla a Valparaíso: “Pancho, que ni el sol derrita tu oro, ni las tempestades sequen tus praderas, que no tronen las grietas y que el pobre con calle cuide tu historia”

Emilio Neira, en su Valparasueños, poemas de noche y día, apunta: “A ti, ciudad de encantamientos debo la nostalgia, cuando lejos me encuentro. Al regreso, mi alma se desata, para volar encendido de pasiones”.

En mi libro Memorias Poéticas y Licencias para un Reinicio, 1993,  publico mi poema Por Nombre, Valparaíso, y le habló así: “En el primer sorbo de tu espuma, en el primer asomo hacia tus duendes, te llamé, Valparaíso, enredadera de fantasía en un mágico recodo del Pacífico. ¿Cómo llamarte hoy, andén del alba? ¿Cómo si ya no hay lumbre en tus candelas? Padre yo te sentí en astilleros, padre yo te llevé por mil senderos”.

 

Desde Suiza, el poeta Ulises Varsovia, en su libro Por las Calles de Valparaíso, escribe “De un agobiante misterio son las claves de esta ciudad a orillas del mar portentoso y si no has nacido en ella o no has vivido largo tiempo entre sus habitantes insomnes, no llegarás a su meollo de urbe marítima preñada de cuatrocientos enigmas”. “Antes que mi edad palidezca y  se difuminen mis recuerdos, escúchame pasar revista a mis vivencias sobre tu suelo, escúchame cantar, Valparaíso”.

Carlos Smith Saravia presentó recientemente su poemario “Valparaíso”, donde recorre recuerdos y vivencias que ha dejado en su vida de músico y poeta este anfiteatro. Existe una sensibilidad especial en quienes, por algunos períodos tuvimos que alejarnos del puerto; y ello reforzó el afecto y la nostalgia, aunque los retornos en muchas ocasiones fueron dolorosos.

Y se ha sumado también a esta cohorte de soñadores porteños, un declamador, el poeta Cristian Belmar, caballero de la Cofradía Hermética de Les Enfants Terribles.

Somos innumerables, sin duda, los poetas que hemos cantado a Valparaíso y eso constituye el sello indeleble del amor que provoca vivirlo o apenas acercarse a él.

Ahora, al cierre del año 2025, quisiera dejar, desde el sitial de poeta y como directivo de la Sociedad de Escritores de Chile, filial regional Valparaíso, una acción de gracias a esta ciudad puerto que encandila, que nadie termina de conocer, que se ha esculpido a sí misma con la fuerza del amor pionero, con su viento sur como canto a la libertad; y con  esa anarquía de voluntades indomables, resistiendo los embates aciagos de la naturaleza y del sistema centralista y plutocrático  que lo ha flagelado con su codicia.

A los poetas nos corresponde descubrir esencias, proclamar y hacer flamear nuestra palabra. El pueblo de esta ciudad de temporales, ha producido miles de poetas de la tierra, que han sido capaces de rebelarse al fuego depredador, a las tiranías y al desamor, con una fuerza moral sorprendente.

 

Hernán Narbona Véliz

Poeta, Presidente de la Filial Valparaíso

de la Sociedad de Escritores de Chile,

SECH-V. Periodista Independiente.


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