Thursday, February 15, 2007

Cuando se prepara una partida


Somos contemporáneos, del mismo signo, de historias paralelas, vecinos. Soy el padrino de su hija menor. Nuestros hijos se criaron juntos, en el mismo barrio, en la misma parroquia de cerro, cantando las mismas canciones, conjugando los mismos verbos de libertad. Fuimos vecinos, luego amigos; más tarde, familia.

Ella sufrió la pérdida de su compañero, atrapado en una infranqueable depresión que lo llevó a cruzar un umbral sin retorno. Ella fue tragando el dolor de la viudez inclemente, trabajando sin pausa en sus pesados turnos de hospital para sacar adelante sus dos hijos médicos. Sus manitas ya no pudieron sostener los pequeños pacientes de la UCI infantil y comenzó a desmoronarse su cuerpo frágil. Ella lucha hoy con su último aliento porque tiene como ancla a su hija adolescente, mi ahijada Mariana.

Mi comadre Amelia, generosa ayudando al prójimo, sabe que está próxima a dejar su cuerpo agobiado y partir a un silencioso reencuentro. Mi amigo Leo, su amor de siempre, seguramente espera conversar con ella, explicar lo inexplicable, botar lejos el insondable dolor de la distancia, para poder estrecharse como uno solo, de nuevo.

La vida tiene esas paradojas trágicas. Amelia fue una excelente enfermera, de un profesionalismo sin par, por eso fue viendo con objetividad científica cómo se deterioraba su cuerpo y lo hizo con una especial serenidad. Lo único que la inflamaba era la preocupación por su hija menor, porque allí quedaban tareas pendientes y seguramente está pidiendo a Dios fuerzas para sobrevivir o para poder extender un manto de amor que proteja a Mariana, su niña.

Esta noche, en Atacama, no puedo acudir a una despedida y se augura su partida inminente. Por eso quiero volcar en estas líneas mi oración, sintiendo que le estoy diciendo a mi amiga un "hasta siempre, comadre"; un "nos vemos pronto".

Porque en la vida deben quedar espacios para poder apretarse las manos y decir gracias. Es lo que le digo a la distancia, gracias por las muchas veces que curaste las heridas de mis hijos; gracias por tu amistad y apoyo cuando fuimos nosotros los que estuvimos en peligro y nos cuidaste. Gracias, comadre Amelia Tapia, por haber sido amigos y por seguir siéndolo, más allá de este paréntesis que se aproxima.

Para Mariana, nuestro modesto apoyo, nuestra palabra y nuestro hogar para cuando lo necesite.
Si no puedo llegar a despedirme de tu madre, te dejo un abrazo sincero y este mensaje que quisiera le susurres a Amelia, como un reconocimiento a su calidad de amiga incondicional, como siempre lo fue y lo seguirá siendo.

Dios le dará a mi amiga Amelia un vestido nuevo, donde el dolor no tendrá cabida, en el que podrá recuperar la alegría y concluir los pesares que la abrumaron por estas cosas del destino.
Amiga, marcha tranquila, que tu hija podrá contar con nosotros, en apoyo y amor de familia.

Cuando partas, amiga y comadre, habrás de saber que nuestro afecto no tendrá fronteras estelares y que como amamos a Leo a ti te hemos amado y que lo único que te deseamos es que vuelvan a estar juntos en la felicidad y la luz del Padre, en esa unidad de amor que hoy se proyecta en vuestros tres hijos, hombre y mujeres de bien.

Amiga, hasta siempre...

3 comments:

Anonymous said...

Me ha correspondido en ocasiones volcar mis conmociones en un papel similar a su escrito, "Cuando se prepara una partida", pero hay una diferencia vital que me aleja años luz de usted. La oración adecuada es "La oportunidad en que se declaren los sentimientos"

Si cada pensamiento, sentimiento o reflexión se pudiese plasmar automáticamente en el escrito, pienso que seria fabuloso, pero no es posible tanta maravilla.

Leyendo su sincero, espontáneo y oportuno mensaje, he aprendido que uno debe darse tiempo para sí mismo en el instante oportuno, y no después, los sentimientos no se repiten, ni se retienen. La memoria es frágil, el después no sirve, no refleja lo experimentado en el momento dado, único e irrepetible.

Usted expresó lo que lo que sintió en el momento único e irrepetible y no se trata de suerte. No puedo argumentar que no tuve la oportunidad, si no que usted hizo uso de su hábito que considero una virtud, su pasión por escribir la vida presente constantemente; en cambio yo lo hice después con el mismo sentimiento, retardado tal vez, pero autentico; sólo que la oportunidad no fue la ideal, de tal suerte que el destinatario no recibió mi mensaje a tiempo pues el tren con destino al mas allá ya había partido, privando a mi cuñado y compadre que en paz descanse, del contenido de mi misiva, pero tengo la convicción de que existen carteros que llevaron mi mensaje rezagado a su nueva morada.

Así de simple un intimo mensaje que compartió conmigo, me hizo sentir sensaciones esa es la virtud de escribir la vida, genera cosas en el que lee, no siempre será estar de acuerdo, quizás provoque debate, controversia, pero lo cierto es que comunicar genera cosas. Hoy he aprendido que comunicar genera algo pero hay que comunicar oportunamente. No dejar para después sino dejar siempre un espacio de tiempo para uno; un rinconcito del alma para expresar cosas a tiempo.
Reinaldo Damian Matcovich

POEMAS DE HERNAN NARBONA VELIZ said...

Hace quince minutos mi comadre ha partido. Su espíritu debe estar por aquí cerca. Observando sus cerros del Almendral, visualizando Valparaíso en su postrer crepusculo, recorriendo quizá las salas del hospital donde sirvió por tantos años y de donde parte ahora a reunirse con el Padre.

Adiós, querida amiga. Vivimos la magia de poder conversar, de poder verbalizar la amistad y el compromiso. Lo hicimos justo después que nos preparábamos para tu despedida. Hablaste serena, tranquila, en paz, sabiendo que dejabas todo en orden, que no querías más dolor, que estabas esperando un reencuentro con Leo, quien seguramente en estos instantes te recibe con desesperado amor, en un reencuentro atemporal, profundo. La vida en la luz del Espíritu les protegerá en su nuevo camino de amor. El umbral se ha cruzado. Amelia, ve en la alegría del Señor, el Dios único y de todos, al que honraste en vida, sirviendo a los demás.
Tus amigos estamos congojados, pero tú anda tranquila, como te dije, nos volveremos a ver y durante el tiempo que reste, te sentiremos siempre con nosotros porque la amistad prodigada cruza al infinito y se plasma en la sonrisa buena que nos prodigamos tantas veces en esta dimensión.
Amelia Tapia, un abrazo y que el Señor sea contigo y con tu espíritu.

JOSELYN said...

hola Muchas bendiciones recuperar el dolor será muy dificil, solo Dios cura las Heridas un abrazo de amistad chau...uuu