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Sunday, May 29, 2022

MACHO ALFA

 

Macho Alfa

 

La impronta de tenerte

me la inculcó tu llama,

te admiré frágil, brincando pentagramas,

en los columpios del crepúsculo,

inocencia y deseo balanceabas.

 

Quizá te soñé

tras los aprontes de un cuento.

Quizá tu perfume trazó

una línea en la arena, que crucé,

con bríos de conquista,

absorto en tus labios susurrantes.

 

Tras tus gafas, tu risa,

en inteligente prestancia,

al juego de luces y sombras,

me llevaste

 

A tu lado, de la mano,

beso a beso,

fui aprendiendo del sabor,

el perfume o la fuerza,

de tus encantos, tus esquirlas,

tu pasión o tu rabia.

 

De la mano crecíamos,

yo creía conducir la marcha,

mientras  tú, cual enredadera,

de los prejuicios de bosque

te burlabas,

 

Demostrando en miradas,

condescendientes o malvadas,

que intentar poseerte

era estúpida palabra.

 

Rebelde compañera,

en dolores, la calma,

fragua indeleble,

pasión desbordada.

 

Amarte por glaciares,

vertiente inusitada,

desmanteló e hizo añicos,

prejuicios patriarcales

 

Como ingenuo cervatillo

aprendí a ser feliz, la locura,

incliné mi cerviz

y me abrigué en tu ternura.

 

Porque, si a tus redes de pasión

me habías invitado,

llevabas tú las riendas,

en cabalgatas temerarias.

 

Muy pronto aprendí

que poseer es a objetos

y que amar es entrega emparejada,

que caminar

en comunión de abrazos,

es propuesta sabia,

declinando los sofismas

de ser un  macho alfa.

 

Hernán Narbona Véliz

Valparaíso 29 de mayo de 2022

Friday, February 22, 2013

Diálogos Marinos 2


Así como has forjado con tus martillos de espuma las rocas del litoral, has moldeado el carácter de la gente que se atreve a recorrerte, soporta tus cambios de humor y te llama la mar, quizás para asimilar en ese vocativo femenino, la ausencia y lejanía de las mujeres que languidecen contemplándote. 

Has forjado un crisol de navegantes, pescadores, poetas marineros que se han trepado a los mástiles o han pasado el frío en los brebajes calientes de vino y canela. Cuando se lanzan las redes y el silencio se bambolea entre estrellas cadenciosas, se viene al rostro la cachetada salobre que te resucita, permitiéndote llegar al alba, con las redes repletas y la piel escrita de recuerdos guardados. 

La mar compañera, la buena mar de paso cansino o la hosca mar que te revuelca y castiga por tus improperios, ambas son la amada mar, la permanente y necesaria mar con la que te levantas a forjar cual castillos de arena tu nuevo día, con la satisfacción de haber regresado a la costa una vez más, en el impredecible juego de lo inminente. Sin embargo, sin ello no podríamos sentirnos vivos.