La opacidad del dolor
deviene en risa
En un guiño
Un hasta luego
Los epílogos y los prólogos
se entremezclan desorientados
las memorias quedan flotando
en la Laguna Verde
en el salar de Pedernales
en los pliegos salobres que llevan a
Maricunga
Los recuerdos se agolpan
pero luego discretos se retiran
y queda el silencio
el apretón de manos
la confidencia y la leyenda
En una cumparsita de gigantescos cactus
bamboleas, flaco,
tu noble investidura
de camionero, sabio, payaso y loco
Contando de esos pioneros
hurgados entre cordilleras
y de pueblos congelados
por el espanto
Así has partido,
erguido y señorial,
dialogante de la vida
agnóstico en la muerte justa
Recibido por quien te avisó
sus mensajes de roca
por quien te vapuleó como a un hijo porfiado
y ahora te recibe abriendo su casa
Así te fuiste, a fumarte las galaxias,
sobrevolando sin fronteras los glaciares
llevando la sonrisa y ese humor cicuta
con que mortificaste
a los necios de tu tierra
Porfiado trabajador de los piques
debutante soldado del Arcángel
preparas de nuevo tu memoria,
repleta de amor, sin pesar alguno.
Con un sueño de dunares
y la playa limpia de metales
Abrigar los pies de tu Chañaral amado
y dibujar para sus hijos
un nuevo proyecto de esperanza y vida.
Valparaíso, 12 de Abril de 2016.
Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
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Tuesday, April 12, 2016
Monday, April 08, 2013
Juventud
Cuando la vista se acorta
y te duele alguna coyuntura
se empieza a venir la preguntita
insoluta y artera
¿Es que llegó el tiempo
-anticipado quizás-
(todos piensan lo mismo)
de que más reposado sea
este devenir rutinario
en su metabolismo ambiguo?
Pero cuando hay ánimo
para agarrar la madrugada
de sus solapas empolvadas
y atracarte a ella
estrujándole sus besos
(que a veces se marchitan
por sus rincones ignorados).
Luego, cavilar
en la metafísica de la hormiga
que llegó a tu azúcar
sobre el café enésimo,
y buscar en esa ínfima partícula
la vida pataleante.
Cuando más tarde repasas
tus agendas primarias,
las del garabato preciso
y las canciones inventadas
Levantas una a esos zapallos
por los que regateabas
en tus paréntesis
de verdulero ajedrecista
Cuando cantando en los asfaltos
o en la horizontalidad de los ronquidos
te das maña
para viajar muchos kilómetros
desplegando tu beso
hasta otro rincón del planeta
Vas y vuelves,
para mañana de nuevo
-como con la helada ducha cotidiana-
agarrar una porción fresca
de carcajadas y sueños,
la digieras sonriendo
y salgas con eso que llaman
fe y optimismo
a escudriñar avisos económicos
a resucitar un poco
en cada nalga que te cruces
Cuando aún te sientas
capaz de esto
-o de algo al menos-
aún estarás joven
¡ Y a la mierda
que eso es importante!
Buenos
Aires, 1975 – Del libro Memorias Poéticas y Licencias para un Reinicio. Umbral
Editores, 1993
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