Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
Thursday, June 13, 2024
Tarde de lluvia
Wednesday, September 14, 2016
Septiembre contigo, compañera
se nos viene Septiembre, compañera,
remolinos de duelos, de pesares,
de poetas masacrados,
de cuecas y borracheras necesarias
como una rosa roja
la negra geografía de tu pelo
Desde donde nacen los ríos
hasta los acantilados del Pacífico
Desde la puerta de fierro
del ferrocarril sobre la arena,
desde el silencio impuesto por espuria garra
hasta las ánimas mutiladas
de una Patagonia invadida,
sobrevuela Septiembre
con los rigores de la memoria prohibida
tiñen de luto la tierra prometida
del archipiélago usurpado
se cubren de estigmas,
hielos crujientes que mueren
Las espátulas apátridas
de la geología del oro,
nunca se detienen
y los glaciares sucumben a su codicia
anuncia renacimientos
Los ballenatos huérfanos
transitan el golfo de penas
Una ronda de timbales fluye
por las poblaciones de la tierra mustia
y dentro del viento felino,volantines...
las anclas que me nutren, la savia encendida,
tu zubia refrescante en los amaneceres
me pongo de pie hacia el trabajo
saludo a los perros del barrio
al suplementero que abre las auroras
al trabajador que limpia la ciudad que languidece
quedo de pie, amándote sin freno, compañera
Aunque Septiembre tenga ortigas en la frente
el verbo trota laberintos,
seguro de cruzar la incertidumbre
o al espíritu travieso
de la chirimoya alegre,
porque es septiembre
y la vida derrotó a la muerte,
me levanto pletórico,absurdo en arrecifes,
porque marchamos juntos, compañera
se combinan con el chocolate adictivo de tu piel
porque en septiembre se reunieron los demonios,
pero bastó gestar vida en el útero azul de la patria
para volver a ser libres, desafiando las cadenas
para sobrevivir a la dominación
esquivando la traición espuria
codo a codo, compañera.
Sunday, September 15, 2013
Nuestros Mártires
Thursday, March 21, 2013
Resistencia, en el día mundial de la Poesía
Saturday, May 05, 2012
Mi poesía celestina
POESÍA CELESTINA
Gracias, poesía celestina,
por tu cómplice trino
por infiltrarme en sus pechos
en sus poros de mirlos
Por dejar en sus ojos
ilusiones, suspiros,
por fluir entre lágrimas
o cosquillear atrevido
tras su gozo gemido.
Gracias, aliada celestina,
por cargar mis morrales
con declaraciones de amor
que a diestra y siniestra
yo esgrimo.
Gracias por regalarme tu libertad
por inventar pasiones, caminos,
para ascender por sus pechos
púlpito carnal, hecho trino
con parodias de vino
Gracias, poesía celestina
por mentirles idilios
cual elixir de ensueño
atenuando delirios,
madrugadas de olvido
Monday, April 18, 2011
La cruz del alto
Al atardecer de un intenso día de río, piscina y plaza, nos reunimos el grupo de amigos que veraneamos y pasamos vacaciones de invierno en Petorca. Nos hemos visto por varios años, ahora somos amigos en la común tarea de crecer y explorar el mundo desde la adolescencia. En la plaza, en torno al monumento a Manuel Montt, después de misa, nos reunimos y de allí apuntamos a la cumbre, provistos de gorros de lana, caramelos, yo llevo además una pequeña libreta y un lápiz.
En el grupo están las niñas santiaguinas que hemos conocido en la piscina y que obtuvieron permiso de sus padres para hacer esta caminata vespertina a este cerro que domina el pueblo. El ejercicio de dominar el paisaje desde la cumbre, ver caer la noche y descender cantando en voz alta, Dicen que el Diablo murió en Petorca y que en La Ligua lo enterraron, se suman las leyendas del maldito, como aquella del burro negro al cual se iban subiendo los niños para dar un paseo, hasta que uno de ellos exclamó “!Ave María Purísima, chitas el burro p´a largo¡” y en ese instante el burro había explotado, dejando a todos los niños tirados en el suelo y un pesado olor a azufre en el aire. Es el juego de la autosugestión y también del coqueteo intuitivo, somos púberes o adolescentes y queremos vivir la ilusión de un pololeo de verano. El disfraz que estamos utilizando es cruzar experiencias de penaduras, de piques mineros con fantasmas extraviados.
Tomar de la mano a una chica, sentir su tersura y su calor, percibir el rubor de sus mejillas y adoptar el rol de guía y apoyo, rumbo a los senderos pedregosos que se dibujaban como una serpentina por el borde del cerro. Era una aventura que te llenaba de adrenalina. Vas con Patricia, eso es suficiente, jamás supiste sus apellidos, era de pelo castaño y sus pestañas muy largas, con sus dientes como de conejita, sobresaliendo en una permanente sonrisa o una disculpa soñadora. A medida que subimos nos vamos contando historias, que tu liceo, que donde vives, cuantos hermanos, hasta cuando te quedas. Sabedores de que ese paseo labraría sutilmente las vetas de un romance adolescente, sin que nos atreviéramos más que a un beso hurtado o regalado cuando la noche o algún matorral cómplice nos protegía de miradas. Al llegar a la cumbre, ya había promesas de amor revoloteando por el grupo, las niñas se reían y los varones juntábamos algunas piedras y florecillas para testimoniar el ascenso. Luego, nos tomábamos de las manos y en un círculo en torno a la cruz, rezábamos a coro las Ave María Purísima, sin pecado concebida, consignas celestiales que pasaban a ser nuestra protección frente a la noche que caía y las sombras diabólicas que yacían derrotadas alrededor de la cruz de madera.
Con chonchones de parafina que estaban a los pies de la cruz se encendía la cumbre de luz. Desde el pueblo, los vecinos sabían que el grupo había llegado a la cruz, peregrinando y riendo, en esa fuente de amistad que alegraba como un oasis la vida calurosa del pueblo. Allá arriba, se divisaban las siluetas de los jóvenes, y luego de ese instante, que era un umbral hacia la nocturnidad, el grupo comenzaba a descender, casi todos en parejas, de la mano, cumpliendo con el juego de la piel exacerbada de instintos, que quizás jamás se plasmarían en más que en besos y abrazos, promesas y florecillas secas, guardadas en una pequeña libreta, con la dirección de Patricia, hasta que otro verano, o alguna vacación de invierno, nos trajera de vuelta, para volver a tocarnos, a reconocernos como amores fugaces, como romanceros de rodillas magulladas, como novios fantásticos de una sola travesía. La que hicimos de la mano, abrazados, besándonos en la promesa de amarnos por siempre, hasta que un tren, del fin del verano, nos desperdigara por la vida y quizás alguna carta dejara constancia de esa ilusión que desafió a los demonios en la cruz del alto.
Comarca de los Poetas, 18 de abril de 2011.


