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Thursday, June 13, 2024

Tarde de lluvia


En tu pelo, la huella de la harina, te hace más bella. Es una tarde invernal. La calabaza verde nos regala la pulpa imprescindible, la harina como la nieve va acunando al zapallo y comienza el idilio, la comunión, el rigor que da calor, que va gestando la masa esponjosa, aderezada con la manteca hirviente, la levadura. 
En medio de latas entonando la batucada del cielo, algún trueno curioso se asoma. La masa vapuleada reposa y se entibia en el raiki mágico de las manos amadas. 
Luego, el uslero tiende la masa como alfombra olorosa, para que vayan surgiendo  como lunas llenas las prometedoras compañeras de la lluvia. 
Ya el aceite hierve, algún relámpago queda ignorado por el sortilegio de la cocina. Van cayendo las redondas sopaipillas  hasta salir bronceadas, olorosas, apilandose mientras la tetera suena convocando a cebar mate, a la ceremonia de escuchar en los inviernos relatos milenarios. 
Las constelaciones se rinden al embrujo y en torno a la mesa de madera se convocan las generaciones para el culto a la vida, frente a un invierno conmovido que se va retirando. 
El aroma de las sopaipillas sumergidas en el almíbar de chancaca, anuncia el penúltimo manjar de los dioses. 
El último será escuchar ese nuevo cuento que nace de las cocinas blanqueadas de harina y de sueños, en los dias de lluvia.

Wednesday, September 14, 2016

Septiembre contigo, compañera


Troquelando palabras,
se nos viene Septiembre, compañera,
remolinos de duelos, de pesares,
de poetas masacrados,
de cuecas y borracheras necesarias
Pequeñas agujas sostienen
como una rosa roja
la negra geografía de tu pelo


Desde donde nacen los ríos
hasta los acantilados del Pacífico

Desde la puerta de fierro
del ferrocarril sobre la arena,
desde el silencio impuesto por espuria garra
hasta las ánimas mutiladas
de una Patagonia invadida,

sobrevuela Septiembre
con los rigores de la memoria prohibida
Los socavones del carbón 
tiñen de luto la tierra prometida
Los molares disgregados 
del archipiélago usurpado
se cubren de estigmas,
hielos crujientes que mueren

Las espátulas apátridas
de la geología del oro,
nunca se detienen
y los glaciares sucumben a su codicia
El silbido azul de una cometa
anuncia renacimientos
Los ballenatos huérfanos
transitan el golfo de penas

Una ronda de timbales fluye
por las poblaciones de la tierra mustia 
y dentro del viento felino,volantines...
Son, compañera, tu perfume, tu risa, tu mirada de fuego
las anclas que me nutren, la savia encendida,
tu zubia refrescante en los amaneceres
Así, enarbolando primaveras
me pongo de pie hacia el trabajo
saludo a los perros del barrio
al suplementero que abre las auroras
al trabajador que limpia la ciudad que languidece
Y se viene Septiembre
con sus dolores maniatados
con la chicha naranja apagando penurias
con la cueca vehemente remeciendo enramadas

En la contradicción de penas y guitarras
con el cuño de tu alquimia,
fantasioso de secretos,
quedo de pie, amándote sin freno, compañera

Aunque Septiembre tenga ortigas en la frente
el verbo trota laberintos,
seguro de cruzar la incertidumbre
Asido a un gajo de naranja
o al espíritu travieso
de la chirimoya alegre, 
porque es septiembre
y la vida derrotó a la muerte, 
me levanto pletórico,absurdo en arrecifes,
porque marchamos juntos, compañera
Y el zumo del sol, el vino, la canela
se combinan con el chocolate adictivo de tu piel
porque en septiembre se reunieron los demonios, 
pero bastó gestar vida en el útero azul de la patria
para volver a ser libres, desafiando las cadenas
Chile es la lid constante
para sobrevivir a la dominación
esquivando la traición espuria
codo a codo, compañera.



Hernán Narbona Véliz, 14 de septiembre de 2017.





Sunday, September 15, 2013

Nuestros Mártires


La muerte plastificó ya su rutina
Su  carné se hizo ruleta
Hagan juego, caballeros
Negro el once, ocho muertos
Diecinueve requeridos
Ocho por dos, noventiséis
Cero de conciencia
Gana la casa…

Así brotan nuestros mártires
Anónimos, redentores
Comulgando en la llama inquisidora

No nos dejan
ni memorizar sus nombres,
borran mínimos las murallas de homenaje.

Nuestros muertos, acumulados  en silencio
No nos dejan despedirlos
Nos arrebatan sus cuerpos
Falsifican sus lápidas
Se infiltran en las procesiones
Espían nuestros responsos
Eligen allí mismo nuevas víctimas

¡Cómo crece la fosa común del humanismo¡

Por el pentagrama plomo de su guerra
Circulamos “los enemigos”, armados de paciencia
Con harapos de miedo,  desnudándonos
Asombrándonos, pese a todo
Uniendo fuerzas
contra este sacristán de la mentira
Aunque nos bloquean
hasta el penúltimo camino
cada día es más grande el cortejo

Y los sepultureros preguntan
Por qué cantamos el himno de la alegría

Así, rodeados de pretorianos
Despedimos nuestros muertos
Sabiendo que habrá otros
Que no alcanzaremos
Ni a memorizar sus nombres
Pero crecerán las murallas de homenaje
El miedo hinchará la vejiga del verdugo
No soportará mucho más tal desatino

Este canto creciente de “los enemigos”
Que en incomprensible ronda
Veneran sus muertos

No va más, caballeros
No va más


Del libro “Memorias Poéticas y Licencias para un Reinicio”, Poema “Nuestros Mártires”, escrito el 11 de julio de 1986.


Thursday, March 21, 2013

Resistencia, en el día mundial de la Poesía

“Alerta, poesía, resistamos…entramos a la era tecnotrónica. Herodes se ha vestido de pragmático, el Poder nos manipula hasta el cansancio”



RESISTENCIA

Alerta, poesía, resistamos…
Entramos a la era tecnotrónica.
Herodes se ha vestido de pragmático,
El Poder nos manipula hasta el cansancio.

Desquiciemos su torpe Cibernética,
arruinemos sus tácticas esdrújulas.
Entra silbando, irrespetuosa,
que salten sus fusibles infernales.
               
Dibuja camanchacas de abedules,
conjuga bramante el verbo Océano
esparce por pantallas y satélites
de tu canto astillas encarnadas.

Enloquécelos con tu cuerpo vital.
Encarámate en grito, lamento o carcajada.
Rescata las corolas y la melancolía.
Exorciza fantasmas de nardo.

¡Raya murallas, sé consigna del alma!
¡Que no nos tecnifiquen la nostalgia!

Vocifera, es tu deber,
eres la única.
Detrás tuyo se alinea la esperanza.
Incrépalos, amiga, no nos falles.

En raigambre mestiza usa mil nombres.
Proclama a la América asediada

Sumérgete en sus fiordos invencibles,
recórrela cantando,
sube por sus tobillos de ulmos
y lanas esteparias.

Rodea su cintura de permanentes aguas,
despierta los pregones de la pampa.

¡Cura su dolor absoluto y altiplano!
¡Únete a su voz, sé solidaria!
¡Sé valle, Macumba y Pachamama!

Desconciértalos, poesía,
resistamos…
¡Inventemos el día indispensable!.

Saturday, May 05, 2012

Mi poesía celestina


POESÍA CELESTINA

 

Gracias, poesía celestina,

por tu cómplice trino

por infiltrarme en sus pechos

en sus poros de mirlos

 

Por dejar en sus ojos

ilusiones, suspiros,

por fluir entre lágrimas

o cosquillear atrevido

tras su gozo gemido.

 

Gracias, aliada celestina,

por cargar mis morrales

con declaraciones de amor

que a diestra y siniestra 

yo esgrimo.

 

Gracias por regalarme tu libertad

por inventar pasiones, caminos,

para ascender por sus pechos

púlpito carnal, hecho trino

con parodias de vino

 

Gracias, poesía celestina

por mentirles idilios

cual elixir de ensueño

atenuando delirios,

madrugadas de olvido


Monday, April 18, 2011

La cruz del alto

Al atardecer de un intenso día de río, piscina y plaza, nos reunimos el grupo de amigos que veraneamos y pasamos vacaciones de invierno en Petorca. Nos hemos visto por varios años, ahora somos amigos en la común tarea de crecer y explorar el mundo desde la adolescencia. En la plaza, en torno al monumento a Manuel Montt, después de misa, nos reunimos y de allí apuntamos a la cumbre, provistos de gorros de lana, caramelos, yo llevo además una pequeña libreta y un lápiz.

En el grupo están las niñas santiaguinas que hemos conocido en la piscina y que obtuvieron permiso de sus padres para hacer esta caminata vespertina a este cerro que domina el pueblo. El ejercicio de dominar el paisaje desde la cumbre, ver caer la noche y descender cantando en voz alta, Dicen que el Diablo murió en Petorca y que en La Ligua lo enterraron, se suman las leyendas del maldito, como aquella del burro negro al cual se iban subiendo los niños para dar un paseo, hasta que uno de ellos exclamó “!Ave María Purísima, chitas el burro p´a largo¡” y en ese instante el burro había explotado, dejando a todos los niños tirados en el suelo y un pesado olor a azufre en el aire. Es el juego de la autosugestión y también del coqueteo intuitivo, somos púberes o adolescentes y queremos vivir la ilusión de un pololeo de verano. El disfraz que estamos utilizando es cruzar experiencias de penaduras, de piques mineros con fantasmas extraviados.

Tomar de la mano a una chica, sentir su tersura y su calor, percibir el rubor de sus mejillas y adoptar el rol de guía y apoyo, rumbo a los senderos pedregosos que se dibujaban como una serpentina por el borde del cerro. Era una aventura que te llenaba de adrenalina. Vas con Patricia, eso es suficiente, jamás supiste sus apellidos, era de pelo castaño y sus pestañas muy largas, con sus dientes como de conejita, sobresaliendo en una permanente sonrisa o una disculpa soñadora. A medida que subimos nos vamos contando historias, que tu liceo, que donde vives, cuantos hermanos, hasta cuando te quedas. Sabedores de que ese paseo labraría sutilmente las vetas de un romance adolescente, sin que nos atreviéramos más que a un beso hurtado o regalado cuando la noche o algún matorral cómplice nos protegía de miradas. Al llegar a la cumbre, ya había promesas de amor revoloteando por el grupo, las niñas se reían y los varones juntábamos algunas piedras y florecillas para testimoniar el ascenso. Luego, nos tomábamos de las manos y en un círculo en torno a la cruz, rezábamos a coro las Ave María Purísima, sin pecado concebida, consignas celestiales que pasaban a ser nuestra protección frente a la noche que caía y las sombras diabólicas que yacían derrotadas alrededor de la cruz de madera.

Con chonchones de parafina que estaban a los pies de la cruz se encendía la cumbre de luz. Desde el pueblo, los vecinos sabían que el grupo había llegado a la cruz, peregrinando y riendo, en esa fuente de amistad que alegraba como un oasis la vida calurosa del pueblo. Allá arriba, se divisaban las siluetas de los jóvenes, y luego de ese instante, que era un umbral hacia la nocturnidad, el grupo comenzaba a descender, casi todos en parejas, de la mano, cumpliendo con el juego de la piel exacerbada de instintos, que quizás jamás se plasmarían en más que en besos y abrazos, promesas y florecillas secas, guardadas en una pequeña libreta, con la dirección de Patricia, hasta que otro verano, o alguna vacación de invierno, nos trajera de vuelta, para volver a tocarnos, a reconocernos como amores fugaces, como romanceros de rodillas magulladas, como novios fantásticos de una sola travesía. La que hicimos de la mano, abrazados, besándonos en la promesa de amarnos por siempre, hasta que un tren, del fin del verano, nos desperdigara por la vida y quizás alguna carta dejara constancia de esa ilusión que desafió a los demonios en la cruz del alto.

Comarca de los Poetas, 18 de abril de 2011.