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Thursday, November 03, 2022

El tango en Valparaíso

 Me asomé a tus balcones, Valparaíso.  Iba por el tango,  a buscarlo en los adoquines lustrosos de un cuento.  Vagué por tus ascensores de hierro sonoro  y nadie lo silbaba como antaño.  Caminé quebradas, descubrí derruidos aquellos  viejos bares  donde reinaba el tango como un duque, donde los marineros sembraban sus promesas. 

Y llegué a tu corazón bohemio y bebí un vino  nostálgico en el Cinzano. Allí divisé el tango. Dos espectros pálidos intentaban dibujarlo, en la plaza Aníbal Pinto, trataban de bailar el tango porteño.  

Humillado tango urbano, en torno a un sombrero  con escasas monedas,  una  dura  impiedad rasgando sus  historias.  Tamaña delgadez trazando cuchillas en la noche,  susurrando malarias de modernos conventillos.  

Tango valpino que estás en mis cerros,  ¿cómo te viniste apagando?  ¡cuánta falta le haces a los barrios enjaulados! 

Dime, tango amigo, cómo llenar de nuevo los crepúsculos  de bandoneones eruditos, de madres entonando tus versos, de tórridos romances  inflamando el pecho de mujeres solitarias. 

Vine por ti, tango añorado, Y me duele tu ausencia, Me parte el alma ver el mendrugo de voz que te han dejado. Y me juego a entonarte, con Ledesma, Pichuco, la Tana Rinaldi, Piazzola, Te invito a subir con Altez a los patios del mundo,  arrebozando un recuerdo  y pintando un boceto que te deje seguir.  

Tango porteño, como tú, en esa flaca esquina,  no me resigno a morir.  



Poeta Narbona, 2 de noviembre de 2015. 

Thursday, October 28, 2021

Muerte

Me escudriñas, hermosa y filosa, muerte, espejismo de auroras Tus desnudos pies de silencio, hasta mi lecho se acercan Desde la esquina recóndita de los remordimientos, desciendes en pálido augurio y tu mirada ausculta mis dudas. Te reconocen mis sueños, eres sortilegio de deseo y frenos, fantasía de pueblos en garúas, diálogo de horizontes y volcanes. Truena tu inquisidora mirada como una súplica o una sentencia Quizá seas fantasma de un idilio que caducó entre rugidos, tendiendo sus mentiras miserables, como alambres de púas del olvido. Te apareces entonces, cual bruja vengativa, seducción habilosa, un traspiés asesino Castigando la impiedad de un poema perdido. Te contempla indefensa mi pasión desteñida Me alcanza en tu látigo el rencor más mezquino Y entonces, me envuelve, sin prisa ni pausa, tu puntual cometido.

Saturday, October 05, 2013

Miradas

Me siento cansado,
Mi vista taciturna se pasea con lentitud por los prados.
Mi alma expele un perfume que camina por mi pecho.
El corazón  cercena su respiración para asombrarse
Contempla la mañana que se asoma morosa
por las cúspides nevadas de las altas montañas.
Mi espíritu se aferra al tronco grueso y firme del álamo
Se baña en el charco de agua que ha llorado la noche
Extasiado contempla las dulces melodías
que tatarea el sol
mientras acaricia alegre
las mejillas de los montes
Poco a poco el paisaje se rebalsa de fantasía
En las laderas los rebaños pastan
Los perros pastores se despabilan
Salen a jugar las mariposas
Como una arteria plateada
el río lleva vida
a las flores de pétalos dormidos
Los bueyes del cielo
arrastran suavemente
su redondo cargamento de paja
El mar lo recibirá.
Es hora de despertar.
__________________________
Valparaíso, Petorca, verano de 1962.

Thursday, March 21, 2013

Resistencia, en el día mundial de la Poesía

“Alerta, poesía, resistamos…entramos a la era tecnotrónica. Herodes se ha vestido de pragmático, el Poder nos manipula hasta el cansancio”



RESISTENCIA

Alerta, poesía, resistamos…
Entramos a la era tecnotrónica.
Herodes se ha vestido de pragmático,
El Poder nos manipula hasta el cansancio.

Desquiciemos su torpe Cibernética,
arruinemos sus tácticas esdrújulas.
Entra silbando, irrespetuosa,
que salten sus fusibles infernales.
               
Dibuja camanchacas de abedules,
conjuga bramante el verbo Océano
esparce por pantallas y satélites
de tu canto astillas encarnadas.

Enloquécelos con tu cuerpo vital.
Encarámate en grito, lamento o carcajada.
Rescata las corolas y la melancolía.
Exorciza fantasmas de nardo.

¡Raya murallas, sé consigna del alma!
¡Que no nos tecnifiquen la nostalgia!

Vocifera, es tu deber,
eres la única.
Detrás tuyo se alinea la esperanza.
Incrépalos, amiga, no nos falles.

En raigambre mestiza usa mil nombres.
Proclama a la América asediada

Sumérgete en sus fiordos invencibles,
recórrela cantando,
sube por sus tobillos de ulmos
y lanas esteparias.

Rodea su cintura de permanentes aguas,
despierta los pregones de la pampa.

¡Cura su dolor absoluto y altiplano!
¡Únete a su voz, sé solidaria!
¡Sé valle, Macumba y Pachamama!

Desconciértalos, poesía,
resistamos…
¡Inventemos el día indispensable!.

Monday, December 31, 2012

Jirones de Infancia


Mi papi compró un corte de casimir Bellavista Tomé color café oscuro en el Bar “Donde Nunca se supo” . Seguramente, hizo un trueque ciudadano, recibiendo la pieza de tela como pago por algún brasero de fierro o una plancha a carbón que él solía fabricar para su familia y amigos. El punto es que llegó feliz a casa con la pieza de tela y mi madre decidió llevarla donde la Señora Esterbina, modista amiga que vivía en una casona del cerro Florida, a dos cuadras del ascensor. Ya el viaje era una aventura. Yo tenía unos 8 años y me encantaba ir a esa casona de dos plantas. El motivo era una niña de mi edad, flaquita y coqueta que se llamaba Marcela. Con ella jugaba mientras las mamás tomaban onces y compartían sus historias.
Del casimir  salió un terno con dos pantalones largos y un abrigo, lo cual me significó ir muchas veces a probarme la ropa, en el taller estaba la tela cortada, llena de tiza y de alfileres. De mis visitas salió un romance secreto con Marcelita, besitos en el corredor de la casona. La ropa de excelente factura era amplia, “crecedorcita” como la pidiera mamá. El color café me acompañó por años. Por casi tres años vestí esa ropa de tan buena calidad que no se terminaba nunca, por más que tratara de gastarla. Cumplí 10años, mi padre ese año enfermó y estuvo muy grave, entonces mi madre que era mujer de fe, comprometió una manda si se mejoraba mi padre, mi hermana vestiría un año de Lourdes y que yo mantendría por un año la vestimenta de los curas franciscanos del cerro Barón. Así fue que terminé mi primaria de café, mi padre mejoró y mi hermana dejó de usar sus vestidos blancos con cinturón celeste. Pero el abrigo café todavía me quedaba bien y pude usarlo como hasta los 12 años  cuando ya iba en segundo de humanidades.
El color café de mi infancia hoy se ha vuelto sepia y engalana mis mejores recuerdos, el más puro amor, las bolitas, el trompo, los inviernos que no me hacían mella y un tropel de ilusiones que flotaban entre adoquines, trolebuses, el túnel del ascensor Polanco con su vertiente y sus fantasmas.

Hernán Narbona Véliz, 31 de diciembre de 2012.

Saturday, May 05, 2012

Mi poesía celestina


POESÍA CELESTINA

 

Gracias, poesía celestina,

por tu cómplice trino

por infiltrarme en sus pechos

en sus poros de mirlos

 

Por dejar en sus ojos

ilusiones, suspiros,

por fluir entre lágrimas

o cosquillear atrevido

tras su gozo gemido.

 

Gracias, aliada celestina,

por cargar mis morrales

con declaraciones de amor

que a diestra y siniestra 

yo esgrimo.

 

Gracias por regalarme tu libertad

por inventar pasiones, caminos,

para ascender por sus pechos

púlpito carnal, hecho trino

con parodias de vino

 

Gracias, poesía celestina

por mentirles idilios

cual elixir de ensueño

atenuando delirios,

madrugadas de olvido


Saturday, April 09, 2011

Ciento veinte días y un nuevo despertar

Ciento veinte días y un nuevo despertar

Regreso a la Región de Atacama con el velamen desplegado en una carcajada. Desde los empinados caminos de Valparaíso, despido este período de disciplinado devenir, de la mano de doctores que te llenan de recetarios y consejos, casi paternales.

Ahora estoy de vuelta al ruedo de la vida, con la armadura más liviana, sin penas a la espalda, sólo con una majadera actitud de conquista que hace brotar las lianas de fantasía desde mi latir maduro, arremangándome los pantalones para cruzar de nuevo ríos torrentosos, sin temer, acostumbrado como siempre a improvisar el optimismo que sale porfiado por los poros, cuando más te presionan las horas, las tragedias, las nostalgias empaquetadas en los estantes de las casonas abandonadas.

Parto al norte con el proyecto intacto, remozado con esta carga de afectos que recibí de los buenos amigos, del seno familiar más íntimo. Tiempo que sirvió para cortar con las desidias, las ingratitudes, los pesares, las traiciones. Tiempo en que la mirada se tornó más acuciosa, para inventar desafíos mayores, para jugar tu mano con sabiduría, superviviente como albatros del Caribe, catador de la fruta primorosa de los huertos nortinos. Bebo, al partir, mi aguardiente milagrosa, comparto la protección espiritual que tendieron a mi espalda en los momentos aciagos los monjes espirituales, parto por lo mismo, agradecido, en una oración directa, profunda, sin intermediación alguna con Cristo, adscrito a la conciencia universal que te guía desde las entrañas del firmamento, sin sortilegios ni atavismos, más libre que nunca.

En el devenir de esta etapa, compartiendo con mis hijos su crecimiento y sus sueños, siento haber alcanzado una etapa de placidez, trepado a una gran torre que me permite perspectivas exclusivas, disonantes, críticas de mi sociedad, del mundo arremolinado. Entonces, intento dilucidar sus causas profundas, sus tendencias, descubrir los hilos conspiradores del poder, entrecruzados con cínicas instituciones de caridad, ocultando detrás de sus comunicados globales las mezquindades del desamor y la codicia. Creo que mi vista se ha agudizado como la de un águila altiplánica, permitiéndome otear tras las bambalinas de oropeles, tras los santuarios de oro, tras la asceta presencia de pastores corrompidos, a través de las calles amuralladas por cercos eléctricos en el patético devenir de una civilización que ahonda sus vicios con la diseminación del individualismo exacerbado. Cada vez que observo el panorama de mis tiempos, se me viene a la mente la caída de los imperios renombrados y sempiternos, con sus ruindades aflorando en medio de las promesas redentoras de los sucesivos tiranos.

Después de alcanzar esas visiones, me aboco a mi espacio, a mi deber cotidiano, a mi obligación de servir debidamente mis obligaciones. Concentrado en ello, creo poder aportar mínimamente a las correcciones que aspiro puedan extenderse. Confío en la honestidad, en la fuerza de la virtud y de la verdad, agua persistente que rompe las murallas del silencio, demoliendo sus mentiras, dejando limpiar el viento en tempestades necesarias. Parto así a mi deber, a mi camino, amando más que antes, condensando mi amatoria en las horas frescas que me han sido concedidas y que quiero aprovechar hasta el último segundo, aferrado a la vida que te inunda en la sonrisa y la caricia de quienes te aman y a quienes amas.

Valparaíso, 9 de abril de 2011.