Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
Thursday, October 28, 2021
Muerte
Wednesday, December 04, 2019
Un minuto
El primer grito de los nietos,
La sonrisa que perdona
El último aliento del moribundo
Y cómo dilapidamos su tesoro
En un minuto la crueldad mutiló ojos
En un minuto se acorazó la tierra de esperanzas
El pensamiento cruzó litorales como un rayo
Brotó la piedad y la misericordia
En un minuto te declaré mi amor
En un minuto escalamos montañas
En ese diminuto eslabón soldamos puentes
Hervimos la leche y amasamos el pan
Volátiles y soberbios perdimos minutos escasos
Por conjeturas y ambiciones, divagamos
Sin llegar a lo simple, a lo infinito
El minuto en que la nieta ríe
Ese minuto de cascadas cantarinas
El minuto íntimo que cura los quebrantos
Que transcurre inexorable, te cobija
buscando un respiro
Elevando la vista a lo alto
El minuto en que tu alma se acomoda
para emprender su siguiente viaje.
Friday, October 04, 2013
Esgrime la vida
Friday, September 20, 2013
La huella ploma
Friday, November 02, 2012
En el día de los muertos

Thursday, September 06, 2012
Desvelado
Piso por tinieblas retorcidas
levitando espacios
limítrofes a la muerte
Esquivo
los espinos y las alambradas de púas
Vuelo en
tropel de luces,
hay música
de trompetas rodeando el planeta
Me asumo
condenado
a una
eternidad de silencio
Los goznes
de una puerta milenaria
auguran
calvarios
Sin
embargo, abro, insistente,
rendijas
de vida entre desiertos
Descubro
que las rocas son
sus
verdaderos habitantes
Intuyo sus
dramas de cobre y níquel,
en
velocidad cero
Mis
correrías de siglos
son apenas
una raya en la arena
Todo se
resume en un suspiro,
el último
hálito de un sueño
Lo que
permanecerá como chispa,
burbuja
silvestre,
hasta
mutar al infinito,
vaciando
sus colores en un instante
Vocifero
mis negaciones humanas
y respondo
a los ángeles custodios
con
irreverencia inexcusable
enredado
en mi libre albedrío,
con mis
crepúsculos separando capítulos
de un inmenso
libro, que no tiene lectores
Aferrado a
la telepatía de lo mágico,
detengo el
tiempo
y me
reconforta sentirte en la madrugada
retozando
en tu tibieza
Me subo
sobrecorriendo
a tus
carros alegóricos
y me
sorprende la maravilla de amanecer,
a tu lado
Simplemente,
amándote,
un día
más.
Saturday, August 04, 2012
Rosa y Hernán
ROSA Y HERNÁN
De la tierra de Valparaíso
y de la emancipación del pueblo
nació este amor.
Se deslizó entre verbos
y compromisos
y banderas.
Se irguió entre carreras
y risas brillantes como relámpagos
y oleajes de esperanzas
y temores rompiendo como olas furiosas
sobre los roqueríos de la voluntad.
Corrió y sumó fines a los fines.
Atravesó humos.
Burló cacerías.
Humilló al espanto.
Persistió.
Perduró entre hijos bienamados y silencios,
desde la cocina hasta la solidaridad.
Doblegó a la muerte.
Pervivió.
Y viene volando victorioso
entre nosotros.
Jaime Contreras Paez , 6 de Agosto de 2003.
Sunday, May 01, 2011
Ánima del mar
No
escarmentaba la torpe doncella, mojada y revuelta de arenas, se quedaba en la
orilla como una cometa. Pero luego, insistía, jugando graciosa, al mar se
volvía, a sacar la arena de su pelo negro y sus orejas pequeñas, Y de nuevo las
olas hacían de ella una tromba risueña, gracilarias y luches revolcados de
espuma, se quedaban con ella.
Al mar no
temía, aunque ella era niña de sierras, que del mar no entendía gran cosa,
mantenía entre sueños de almíbar y acuarelas celestes o rosas, sus castillos de
arena encantada, jugando entre caracolas del monte a ser una dulce sirena, de
voz entonada y ligera.
Una tarde
siniestra, se cuenta, retozaba en la
arena soñando, cuando vino una ola gigante que no supo de juegos ni anhelos, la
envolvió para siempre en su ira, la llevó mar arriba, hasta el cielo, la dejó
constelada en silencio.
Por las
tardes de verano en Caldera, a las playas desciende la niña, la veréis
correteando muy pálida, entre espumas rosadas o lilas, como un alma en pena y
pequeña. Cuando cae la noche desértica, ella renace en caracolas y luna, su canto seduce en las
playas a mendicantes poetas en pena y, con un himno de ingenua sirena, les
sacude y calma cadenas. Mas, si ellos se duermen con ella, se los lleva en
espumas de estrellas, los encumbra en las olas doncellas y se pierden por
siempre sus versos en el anaranjado horizonte de Caldera.
Comarca de los Poetas, Chañaral, 1 de mayo de 2011



