Hernán Narbona Véliz, poeta chileno, nacido en Valparaíso, con un largo derrotero por América Latina. Su poesía es una incitación al debate y un aporte a la cultura universal. Poeta de la generación del setenta, escribe desde la angustia o la risa, sin victimizarse, cronista de la vida, con sus sueños en ristre, invita a abrir nuestras ventanas al amor.
Friday, August 06, 2021
Brindis en nuestro 48° Aniversario
Saturday, August 04, 2012
Rosa y Hernán
ROSA Y HERNÁN
De la tierra de Valparaíso
y de la emancipación del pueblo
nació este amor.
Se deslizó entre verbos
y compromisos
y banderas.
Se irguió entre carreras
y risas brillantes como relámpagos
y oleajes de esperanzas
y temores rompiendo como olas furiosas
sobre los roqueríos de la voluntad.
Corrió y sumó fines a los fines.
Atravesó humos.
Burló cacerías.
Humilló al espanto.
Persistió.
Perduró entre hijos bienamados y silencios,
desde la cocina hasta la solidaridad.
Doblegó a la muerte.
Pervivió.
Y viene volando victorioso
entre nosotros.
Jaime Contreras Paez , 6 de Agosto de 2003.
Saturday, August 06, 2011
Matrimonio en tiempos de cólera
Matrimonio en tiempos de cólera
Era el 6 de agosto de 1973 y el país estaba convulsionado, paros por doquier, emplazamientos al gobierno, tomas, cortes de caminos, paro de los camioneros, desabastecimiento, colas, mercado negro. Unos marchando por tumbar el gobierno, otros creando poder popular, unos tratando de trabajar y hacer las cosas bien, pero las mayorías en la escalada de la descalificación, de la polarización. En un escenario incontrolable, el fascismo tendía sus tentáculos y los infantilismos revolucionarios daban pie para que la violencia se fuese retroalimentando, creando el desgobierno y la tensión.
Siempre quedó en el anecdotario familiar el hecho de haber llegado tarde al Registro Civil; la verdad es que había pasado la noche preocupado de no quedarme dormido y al final resultó lo contrario. Pero, además, no había movilización y hubo que bajar el cerro para tomar un trolebús de la empresa de Transportes Colectivos del Estado. Llegué casi dos horas tarde, apurando a mi madre, presintiendo el enojo de la novia. Mi padre había llegado temprano al Civil, estaban los testigos, pero faltaba lo más importante, el novio.
Habíamos sido militantes activos de la izquierda joven, pero hacía un año nos habíamos alejado por un rechazo casi intuitivo al fanatismo que escalaba en todos los espacios. Nos dedicamos a trabajar y querernos, contra viento y marea, porque nunca las familias creyeron que aquello iba en serio. Nosotros nos reíamos del mundo y con ánimo rupturista habíamos decidido casarnos en una tenida sport elegante. Rosy lucía preciosa con un vestido verde cortito y una chaqueta de antílope muy fina; yo iba con jeans, un lujo para época, un pulóver blanco invierno y un hermoso vestón de cuero. Esa pinta equivalía a habernos comprado un comedor americano y fue la opción. Decisión que fue premonitoria porque con esa ropa viajamos al exterior y la lucimos para buscar trabajo fuera de Chile. El punto es que a las 11 de la mañana de ese día 6 de agosto, se hizo la ceremonia y se nos arruinó el desayuno contratado en el Café Riquet y la orquídea que le llevaba a Rosy casi me la ponen de sombrero.
Las fotos que tomó el fotógrafo del Registro Civil nunca las recuperamos, por lo que no quedó huella de esa ceremonia. Lo atribuímos al golpe o a que simplemente nos estafaron. Quedaron sólo unas pocos fotos que tomé a Rosy en la Iglesia de la Merced, en la Plaza O’Higgins. Así transcurrió esa mañana, cuando el mundo se caía a pedazos, nosotros nos enfrascábamos en nuestro amor. Lo que siguió fue tragicómico.
Nos casábamos por la Iglesia el 15 de septiembre y el cura obrero que haría la ceremonia había pasado a la clandestinidad. Cuando llegó esa fecha no quedaba gobierno, lo vivimos con toque de queda a las 7 de la tarde, en una reunión almuerzo en que partimos lo que quedaba de la torta de novios, nos tomamos unos vinos y fue prácticamente la última vez que nos juntamos en familia, ya que a partir de allí cada cual tomaría rumbos diversos y el impacto de la historia sobre las familias tejería dramas particulares que en el fondo eran el mosaico de una tragedia nacional anunciada, pero que nadie quiso evitar a tiempo.
Crónicas, 38 años después, Feliz aniversario.
Friday, April 22, 2011
Semana Santa y 40 años de amor
La Pasión del Señor era dramatizada por el centro de la ciudad, era una celebración popular, la Iglesia del Pueblo se manifestaba en una religiosidad extendida; la gente se aglomeraba en la calle Pedro Montt y tú y yo salíamos por primera vez solos y estábamos en medio de la muchedumbre intentando ver pasar al Cristo sufriente, escoltado por los crueles soldados y sufriendo las estaciones ante la conmoción de los porteños que vaciaban los cerros para presenciar esta solemne procesión que culminaría en el cerro Placeres.
Sin embargo, lo único que me ocupaba en esos instantes, era un quizá sacrílego deseo, que me inundaba a medida que tomaba tu mano y nuestros cuerpos se rozaban en medio del gentío. De manera cómplice tu jugabas conmigo y tus mejillas se acercaban a la mías, con la excusa de ver pasar a Jesús.
Cuando volvimos a tu casa, la excusa perfecta para perdernos de la vista de tus parientes, fue ir a una pieza del fondo a buscar ropa vieja para construir un Judas. En ese momento, me sorprendiste con un beso inolvidable, al cual respondí como león azuzado apretándote a mí, sin palabras, en un anuncio pasional que arrasaría con el tiempo.
Disimulamos nuestro juego y desde el balcón de tu casa vimos en esa Semana Santa pasar las procesiones por la calle Diego Portales, mientras nos tomábamos las manos, furtivamente.
Han transcurrido 40 años y parecieran ser un soplo. Continuamos el juego, eludiendo dolores, superando los escollos, navegando entre arrecifes, trepando desiertos, pero siempre fértiles de imaginación, pasión y fe. Quizás en esa procesión de Semana Santa nos cubrió la bendición del Padre y como Él sabía de la pasión que bullía en nuestra piel juvenil, nos conminó a crecer en su amor rompiendo cualquier obstáculo, valientes y constantes. En esa misión, tres hijos enriquecieron nuestro patrimonio ínfimo y sus simientes sanas y fuertes sabrán de darnos los frutos para disfrutar juntos, Dios mediante, la tercera y cuarta etapa de la vida que nos sea concedida.
Por ahora, simplemente gracias a Dios por venir con su verdad y su perdón, por regalarnos la vida renovada y por profundizar a cada minuto nuestro amor insondable.
Monday, April 18, 2011
En la partida
En la partida
Si tuvieras la chance de escribir un último mensaje, no quisieras dilapidarlo dejando registro de horas tempestuosas. Quizás buscarías resonancias estelares para cruzar el tiempo como un cometa renombrado. Quizás, sabiéndote minúsculo aerolito ignorado, preferirías refugiarte en tus células madres y flotar en ese resquicio mágico en que se guarda el alma, para pervivir, tenue y grácil como una pluma, dejando apenas una estrofa que salga de ese halo que envolvió tus pasos.
Tomarías, entonces, la enredadera de tu vida para apretarla en el pistilo que acarició mariposas, en la maravilla del nacer, en la epopeya del amar, en la tarea agridulce de formar tus hijos, de luchar por espacios, de disfrutar tus nietos, de ser feliz.
En ese último resumen, simplemente, daría gracias por lo concedido, por los atardeceres frente al mar, por la piel de la mujer amada retozando en las auroras. Por el té hervido y un gajo de naranja ensalzando la vida. Un beso cerraría la página con un hasta pronto, amor.
