Sunday, March 01, 2009

Violines de fuego

Violines de fuego

Revienta los escrúpulos, sacude el raciocinio

Olvida la majadera presión de calendarios

Canta conmigo un susurro rojo

Emborráchate en el remolino de un merengue

Fúgate conmigo a volar un vallenato

Saborea la nocturnidad del sudor

Embarazadas de viento, las nubes van pariendo el arco iris

Cabalguemos las auroras

Sigamos los trinos desordenados de gorriones

Nada quiero con la lógica

Deja seducir tus muslos en el roce de mis labios

Nademos en las espumas de un cometa verde

Fluya el magma de la vida a borbotones

Déjate llevar por el placer oculto

Plasmemos fantasías en el tacto que explora

Fusionemos nuestros cuerpos de milongas

Libres de prejuicios, las vertientes rompen rocas

Desconecta ya tu inteligencia

Suficiente lumbre sugiere tu mirada

Ascendamos entrelazados a la cima

Violines gitanos serán nuestra antesala


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Chañaral, 28 de febrero de 2009

Tuesday, February 24, 2009

Caligrafía desde la felicidad


Caligrafía desde la felicidad.

Aprendí a escribir en la aventura constante del amor, levantándome temprano para cumplir mis deberes, sin quejumbres, solazándome en las cosas simples que te enseñan desde la sabiduría.

Cargué mis morrales de aromas y abrazos. Supe de las infusiones de abuelas, del azúcar sobre el brasero. Desentrañé el lenguaje juguetón de la lluvia sobre mis patios. Amé los veranos petorquinos, en la fugaz fantasía del río bordeado de chilcas. Aprendí del natre y las amapolas, los nardos me encandilaron con sus adolescencias.

Subir al peral fue mi refugio de infancia, mi aula crepuscular, desde donde me deslizaba al plan del puerto, imaginándome navegante de riberas musicales, espadachín en caribes de piratas. Aprendí a balbucear poesía sobre los mapas, precursor de romances marineros, descubridor de archipiélagos. Me hice de adoquines aprendidos de memoria, lancé el trompo como nadie, jugué a la troya, conocí la pelota de trapo y seguí los radioteatros.

Y a poco andar, al asomarme a las llanuras de la vida, te encontré, niña, ardiente y vibrante flor, llena de ideas, dispuesta a compartir locuras y a reinventar la risa. Nos fuimos combinando con sabores rupturistas, con la desfachatez de conquistadores que pateaban la institucionalidad.

Desde nuestros cerros valpinos, fuimos abriendo nuestra ruta hacia el horizonte, tomados de la mano, odiándonos con pasión. Irreverentes vitrineamos funerarias, burlándonos del tirano y la muerte, blindados en osadía, necesitándonos como remanso y pólvora.

La vida ha sido la vertiente que bebo cada despertar porque tú estás allí, a mi lado, como esencia de la risa más genuina, con tu oferta de auroras de esperanza, permanente proyecto encendido como un lirio en los desayunos de la tierra olorosa.

Pero, a veces, como ahora, siento que es bueno sentirte lejos, ensayar algunos celos, desearte en mis sueños. Intento ponerme melancólico, pero no puedo, no calza con nosotros, porque gana tu sonrisa, se imponen nuestras complicidades.

Doy gracias a Dios por el tiempo que nos ha regalado, por la fuerza profunda que apuntaló la barca en momentos de tormenta, por la inventiva que brotó en madrugadas entrelazadas y brindo esta noche, con todas las estrellas del Pacífico por compañía, por ti, por nuestro nido expandido hacia el planeta, por las andanzas que hemos levantado como bandera y por esos tres hijos que nos llenan de orgullo y con quienes aprendí a compartirte resignado.


Atacama, 25 de febrero de 2009.

Tuesday, February 17, 2009

Sensaciones de una semana marcada por la poesía



Sensaciones de una semana marcada por la poesía: dos recitales pude dar esta semana. El primero en Caldera, en el Centro Cultural de la Universidad de Atacama, el día 12 de febrero. Luego en la Biblioteca Pública de Chañaral, el día de San Valentín, compartiendo en esta ocasión la tribuna con Omar Monroy López, poeta y concejal de la Municipalidad local.

Volcar a una crónica el cúmulo de emociones que brotaron en mí esta semana, al estar en contacto con el público de Caldera y Chañaral, en sendos recitales dedicados al Día del Amor, resulta no solamente una rutina periodística, sino una forma de expresar un compromiso renovado con la compañera poesía y sus musas misteriosas, en este derrotero nuevo que me ha ofrecido la vida, residiendo en medio del desierto, en la región de Atacama.

Porque mostrarse desde la poesía es reflejarse en la dimensión genuina del ser, sin formulismos ni protocolos, canalizando esa energía vital y primaria que brota desde el espíritu, de la piel, de la emotividad.

Poemar la cotidianeidad, con empatía, fijando hablantes en situaciones propias o ajenas, cercanas o lejanas, que van traduciendo esos mundos como propios, es el ejercicio profundo del escritor, que tiene la libertad de crear personajes, inventar situaciones, hilar historias que terminan siendo espejos colectivos. Escribir para la felicidad no significa ignorar el dolor, sino, por el contrario, la capacidad de aquilatar la alegría y la felicidad, se nutre y exige precisamente haber vivido momentos difíciles, tortuosos, dolorosos, que en general, las personas debemos transitar indefectiblemente para crecer.

Escribir desde la clase media es una propuesta valórica, es la idea fuerza que anima la cosmogonía personal, afincando en los pilares de la familia, del amor filial y fraternal, las redes sólidas de un humanismo ecuménico, de una forma sencilla de convivir en paz.

Escribir desde la posición de la clase media significa una propuesta que invita a crear escenarios de encuentro, que aúna fuerzas para luchar contra aquellas amenazas que perturban o dañan la convivencia. Escribir desde la simpleza de un abrazo, desde la mesa compartida, de un vino chambreado a fuerza de chistes y de leyendas, de compañerismos que se entrecruzan con respeto y reciprocidad, en trabajo y esfuerzo, compartiendo la creación artística con los deberes que cada cual debe cumplir para su vida cotidiana, todo esto forma ese gran espectro de sensaciones que deja el acto comunicacional de compartir la creación propia con el gran público.

Esta semana unas cien personas fueron los destinatarios de estas tertulias y se sintieron motivadas por la entrega de poetas de la tierra, poetas que cumplen sus deberes cívicos y que tienen responsabilidades, pero que, además, tienen la misión de servir al colectivo urbano con palabras que relajan hacia la belleza, hacia las emociones y sensualidades que hacen a la vida una vertiente de sorpresas azules. Fue lo que sentí junto al mar, en medio de una semana motivadora porque de enamorados se trataba y en las olas de un amor avasallante que corría por las arenas, pudimos aportar un canto para todos los demás, para que cada uno lo decodificara según su historia, mientras los poetas sonreiremos felices, sintiendo el éxito en la medida que la belleza logra cautivar y volvía a nuestros oídos la energía de aplausos espontáneos, y muchos apretones de manos y saludos afectuosos.

La magia de las tecnologías, me ha permitido que esos dos escenarios frente al Pacífico se extrapolen hasta cualquier hogar, permitiendo que la poesía se vaya revoloteando en su siembra de afectos y emociones, hasta perderse de vista y convertirse en un canto de todos, lo que es aspiración constante de cualquier creador.
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Sunday, October 19, 2008

Ritmos de septiembre.


Ritmos de septiembre, las cuecas aún retumban...

Quizás sea efecto del sol del desierto, quizás sea la provocación de la primavera; el asunto es que amanezco como arrebatado, trepando himalayas al trote, persiguiendo tu mirada coqueta, escondida pícara detrás de un pañuelo.

Será por eso que calzo espuelas para domar la pasión que irradias. Será por eso que ando con el indio a flor de piel, irritable como si la menopausia se hubiera metido por mis orejas, buscando excusas para ganarme a tu lado, intentando morder tus hombros que son la llave que sólo yo conozco para desmantelar tus cabildeos que me inflaman.

Así transito por tu cuerpo, soñando despierto, con deseos de apretar tus labios carnosos con mi boca de naufrago sediento.

Así te quedas en mi piel, con ritmo de tonadas, haciendo hervir mi sangre con esa promesa muda de tus ojos seductores.

Son los ritmos arremolinados de septiembre.

Thursday, October 02, 2008

Incitación a la lujuria.


Me dirijo a usted, desconocida transeúnte urbana y primaveral de la clásica ciudad de Tucumán, para representarle mi desazón por sus caderas insinuantes, que atiborraron mi mañana de ritmos dormidos, traspapelados entre mis carreras administrativas.

Quiero presentarle una queja formal por la incitación a la lujuria que ha provocado con su pecho asomado a los besos del sol y sus ojos, cautos para detectar las miradas, pero recatados para responderlas.

Usted cruzó por la plaza, quizás hacia un cajero automático, quizás venia de dejar a su pequeño hijo en el jardín, un viaje casual pero irreverente, lleno de sensualidad, que desplegaba por el parque un murmullo de violetas.

Agresiva en su indudable belleza, usando con displicencia y relajo esa piel canela encandilante, usted transgredió intencionadamente los limites y me dejo sintonizado a las fantasías que vino sembrando, cimbrante y lúdica por mi vereda, dejando esa estela inocente e incendiaria, que me ha hecho olvidar mis cabildeos sobre el big bang o las especulaciones sobre los destinos de Wall Street, anulando mi concentración necesaria, destapando aromas del Caribe, en la liviana cobertura del algodón blanco ajustado a sus piernas, empinadas en esos tacones rojos como el fuego de sus ojos almendrados.

Incitación a la lujuria que ha trastornado mi mesura y que me obliga a representarle mi profunda molestia por su belleza, desbocada como gacela sobre mis frágiles convicciones,. Lo cual me obliga a demandarla por el perjuicio irreparable de no saber ni su nombre ni su historia, con lo que queda marcada a fuego como un símbolo ardiente del eterno femenino, que hace temblar mis sueños en un deseo trunco que no tendrá destino.


Tucumán, primavera/2008.

Fantasmas de la Laguna Verde


Fantasmas de la Laguna Verde

Hoy experimente una visión, quizás premonitoria. Ocurrió en el camino internacional del Paso San Francisco, a 4300 metros sobre el nivel del mar.

En medio de la montaña, adiviné en la superficie agitada de la Laguna Verde, el palpitar milenario de una princesa vestida de turquesa y cubierta de rubíes, atada al centro de la tierra, contemplando las estrellas eternamente, hasta que la liberen los nuevos hemisferios de la humanidad.

La noche espejada en la cordillera andina de Atacama propone hilados luminosos y personajes que se fueron acumulando tras los siglos salen a caminar por los bordes de los cerros ventosos.


Arrieros calcinados por el fuego de un cometa se sientan a la vera de la laguna para compartir tragos de chachacoma hervida mientras entrecruzan historias de majadas aladas pastando en los humedales de la Cruz del Sur.


También circulan por la laguna las sirenas de arena, con espejismos de amor, amarillo de soledad, prometiendo placeres inalcanzables a los caminantes de la noche.

Por los durmientes de los arcaicos trazados ferroviarios circulan los guanacos que huyen del hombre. Pequeños arbustos misteriosos se asoman entre las rocas y nutren de vida el agreste paisaje.


El viento y la nieve engalanan ondulantes la verde laguna y al despertar de mi divague, la vislumbro maravillosa y me digo que es una princesa esmeralda, aprisionada en su soledad y resguardada por los fantasmas que se acumulan en el refugio del viejo control de frontera, que aun permanece en una cueva cavada en la tierra, al costado del camino.


Los fantasmas danzan jocosos en la espuma y saludan con las sinfonías del silencio y el viento huracanado a los intrusos que nos asomamos a su fortaleza.


Fue una visión o quizás un mensaje galáctico. Todo es posible en las serranías lunares de la cordillera de los Andes, en Atacama, al norte de Chile.

Sunday, August 31, 2008

poema en vuelo


Viajero enpecinado
Vuelo hacia tus ojos
A embriagarme en tu pecho
A envolverte de historias

Vengo y voy
Como el carrusel que se cimbra
En esa adolescencia percudida
Manteniendo la musicalidad monótona
Ilusionándote con mis malabares de permanencia
Luego me elevo en nuevas ráfagas de olvido
Y así sigo, veleta oxidada en Saint Malo o Naguilán desolado de la playa de Placeres
En el circulo bendito de seguir amándote
En la ansiedad rebelde de triangular los hemisferios y trastocar los crepúsculos por auroras, con tal de llegar de nuevo a tu remanso, a tus cálidos hilados, a tus misterios encantados y a tus decires
Voy cruzando dimensiones galácticas, ensimismado en quererte, acurrucado a tu vera, esperando tus manos para despertar de mi viaje y reencontrarme en tus ojos con la magia de un cuento, entonado a dos voces hasta el fin de los tiempos.


Desde el cielo, viernes 29 de Agosto de 2008
tildes omitidos intencionadamente

Monday, June 09, 2008

EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID: Rosy y Hernán se integran como Personas Libro




Una preciosa declamación de Neruda realizó Rosa Ramírez, mi amada compañera, quien así celebró en Madrid su nuevo cumpleaños.


Estamos en Madrid y estamos a minutos de celebrar el cumpleaños de Rosy. Cumplimos un aniversario de amor que nos llevó a los 37 años de unión. Salimos hacia la Feria del Libro y Dios quiso que viviéramos una experiencia inolvidable.

Se presentaba el Proyecto Personas Libro, en el cual se invita a las pèrsonas a recordar un texto, aprenderlo y decirlo, compartiendo así el gusto por la lectura, en una reacción de la palabra por recuperar espacios de espiritualidad que tanto requiere esta sociedad que mancilla a diario la lengua de Cervantes y reduce el lenguaje a un puñado de aberraciones lingüisticas de difícil comprensión.

Pues bien, nos integramos al grupo y tomando la tribuna me presenté como poeta chileno, atreviéndome a instancias de mi mujer, a recitar tres poemas, Abuela, Hora de Almuerzo y Violeta.

Seguidamente, Rosy declamó a Neruda con una sensualidad que le mereció una ovación.

Fue una tarde preciosa en la Feria del Libro de Madrid, donde pudimos conocer a Antonio Rodriguez, Director de la Escuela de Lectura de Madrid y uno de los impulsores del movimiento pro-lectura "Personas Libro".

Los caminos del destino no son casuales. Leer en la Feria del Libro de Madrid fue para ambos una experiencia que no esperábamos vivir y se dio en un momento de celebración en que nos regalamos la palabra y la amistad con personas que también transmitieron trozos de poemas o relatos.

En Madrid, el 9 de junio de 2008

Thursday, March 06, 2008

En el día de la mujer

Un saludo machista al sexo opuesto.
La mujer se inventó un día propio en el almanaque. Hoy es el día de la Mujer, así con mayúsculas. Eso sí, aparte del día de la madre, de la amiga, de la profesora, de la abuela. Del hombre ni que hablar, helo allí resignado a su invisibilidad, postergado por machista, infiel, amigo de sus amigos, parrandero y jugador; a lo sumo, un mal necesario, que espanta ratones, arregla caños rotos o saca a pasear al perro.
La mujer empoderada, con sendas presidencias a ambos lados de los Andes, se ha creido el cuento de la superioridad de género y hoy es carabinera, futbolista, pescadora o minera. Ha desafiado las fronteras de la mitología y se sube a los púlpitos de pastora o es empresaria innovadora de burdeles cybernéticos, en helicópteros, limusinas y todo terreno.

Los hombres que seguimos cediéndoles el paso, que les abrimos la puerta, que les escribimos poemas, tropezamos a poco andar con su fría forma de pensar y nos damos cuenta tardíamente de las redes con que nos manipulan científicamente. Hay mujeres que se han atrincherado en una guerra propia, que ellas mismas inventaron, en contra del hombre y, trasgrediendo la gramática, imponen nuevos léxicos para, según ellas, ser visualizadas y salir de la explotación histórica que el machismo ha ejercido sobre ellas. Esas mujeres que actúan agresivas frente al género opuesto, parecen haber sustituido la trasnochada lucha de clases por una lucha de géneros, donde el encanto de la complementariedad, pasa a ser considerado prepotencia varonil, el desearlas una pachotada egoista y tratar de hacerlas felices una actitud posesiva y machista.

Quiéralo o no, las mujeres tienen su día, fundamentado en las luchas por el reconocimiento de su espacio en la sociedad. Sin embargo, la exageración del género femenino atociga, desgasta. No se trata de falsas competencias de género porque para cocinar, hacer una cama, lavar ropa o planchar, los ovarios o los testículos no influyen. Las personas deben ser autosuficientes y deben ser capaces de entregar lo mejor se sí en la relación de pareja. Jamás se me habría ocurrido plantear el día del Hombre, pero sí el día del Amor y del Humanismo sin apellidos.

Por eso, a las mujeres se las debe amar, simplemente amar. Entrar en su juego argumental es desgastador y está probado que el hombre es más plano y explícito en su deseo constante de poseerlas. En el intermedio, los hombres inteligentes sabrán escuchar, aunque el común de los mortales desplegará su perfil cavernícola y buscará una cerveza y algo para picar. El discurso seguirá por cuenta de ellas y lo más recomendable es rendirse a sus encantos y soportar sus permanentes búsquedas personales.
Palabra de machista.
080308

Wednesday, February 27, 2008

Al final de un verano


Cae la penúltima tarde de febrero sobre Chañaral. La música aporta un semblante de nostalgia sobre las parejas que pasean junto al mar. El viento refresca anunciando que los días se acortan y el mar rizado se prepara para el despliegue de esas olas atrevidas que traspasan el muro de piedra rosada que decora el borde costero.

Los últimos destellos de una luna llena comienzan a asomar sobre el mar. El descanso de prolongadas jornadas es una invitación a caminar por una costanera engalanada de pelícanos y lobos de mar.

El desierto me ha adoptado y los buques son parte cotidiana de mi trajin explorador, en un lúdico deambular por esta senda, desplegando afectos y esquivando los dardos lejanos del dolor. Renazco en estos atardeceres que ya son míos, que me integran a su paisaje de gorriones felices, como un pimiento de rojas florecillas o como la chachacoma platinada que abre tus pulmones con el amargo sabor de la sobrevivencia en soledad, creando ese aire fresco que reclaman los pulmones del viajero.


He aprendido mucho en esta nueva etapa, los afectos se expresan con pinceladas de muchas historias que vengo a conocer con retraso, pero que son paralelas a las mías y en el cruce de las espadas de recuerdos, va surgiendo la amistad, en una síntesis hermosa de madurez y complemento. El vaso está rebasando de sensaciones, pero hay muchos cáliz esperando por nuevos espacios, vertientes jóvenes buscan rutas y el paso adelantado de la madurez permite orientar su curso, explayándose en esos afanes constantes de cambios.


Tomando palco desde este anfiteatro me dejo llevar por el rojo crepúsculo y lo percibo robusto de vivencias, terco e indomable crepúsculo que sobrevive a las pequeñeces del hombre y mientras las trompetas acompasan mi decir somnoliento, me invade este placer inmenso de saborear mi madurez rebelde, mientras su fresca visión sigue postulando algún sueño, alguna fantasía inventada, algunas caderas que arrullen tu ocio creativo, tentadores perfumes que te acerquen de nuevo a la adolescencia lejana, brincando los deseos por tus ojos, aunque mesurado como un pentagrama, debas, recatadamente, disimularlo para seguir manteniendo ese absurdo perfil de hombre respetable y serio.


Cretinas poses que a poco andar tiras por la borda, solazándote en la espiga rubia de una mujer que cruza, incisiva como una rosa, por la costanera encendida y se van tras ella todos tus deseos, como una trifulca de pájaros que cruzan hasta el mar, arriesgándolo todo por un alpiste de amor.


Chañaral, 27 de febrero de 2008.

Sunday, February 03, 2008

Poesía en mínimos trazos

Poesía en mínimos trazos

Para qué malgastar las horas, si puedo regalarte estos minúsculos ramilletes de pensamientos. Ya podré dormitar acurrucado a tu pecho, palpitando al unísono nuestras auroras. Por ahora, prefiero dedicarme a esa labor diminuta, como cuando te escribía en los tacos calendarios, en una gigantesca máquina de escribir planillera, ajustando mi enarbolado amor, mi pasión loca por tu piel en capullo, a ese minúsculo trozo de papel.

Igual como, a los tiempos, en los diez minutos de un microbús que subía hasta la cima de nuestro puerto, iba dejando mis gotas de poesía, incubando este cable a tierra que me sustenta frente a cualquier obstáculo o amenaza.

Esas frases diminutas, apiladas en hojas amarillas, que fueron compaginando mi amor remozado, rebelde, porfiado, combativo amor, blindando tus dolores, amortiguando las penas, creciendo desde la inmensidad de las angustias para convertirse en vertiente que saciaba la sed en el momento justo, como si las plegarias escuchadas nos acompasaran en un nuevo preludio del amor, ascendiendo con sudores, con la constancia de nuestros sueños, brincando por los momentos difíciles, hasta dejarlos atrás, sepultados. Hasta llegar rasmillados y amantes hasta la cumbre, con las rodillas espinadas, pero con el fuelle increible que nos permitía plantar las banderillas del triunfo cotidiano en nuestro territorio acorazado.

Estas horas que resto al sueño las dedico a comentar nuestro amor, para destacar la flor que venció la roca y ascendió desde la muerte para tomar un segundo aliento. Disculpe Dios la soberbia de esta lectura retroactiva. Perdona tú que me instale esta noche en nuestra cápsula maravillosa a disfrutar el descanso. Ha sido un refugio necesario. Me siento poderoso de tu mano y camino incesante hasta la cima de nuestro amor; potente y autárquico amor que me llena de fuegos, de vinos dulces que aspiro a beber por siempre en la copa de tus ojos insolentes.

Atacama, 4 de febrero de 2008.

Al son de una balada o de un blues

Tomé tu mano y te llevé nervioso al centro de la pista, cerqué tu talle con mi brazo, reclinaste tu cabeza en mi hombro y tu cuello extendió por mis ojos tu perfume y tu hechizo. La música nos acomodó en un estrecho espacio, mis dedos presionaban tu cintura y jugaban con tu espalda en suave diálogo de energías. Reclinaste tu cabeza con esas redes sutiles de una pasión naciente y tu boca me invitó a visitar tus labios por vez primera, en un beso prolongado y discreto. Las mejillas ardían, las luces tenues nos aislaban de las miradas. El salón de baile se convertía en una esfera de luces galácticas y nos fundimos en el blues, susurrándonos promesas de amor eterno. Los tres minutos del disco que quizá fue un sonambulismo o una playa solitaria, nos transportaron en una burbuja de acero y miel a un extenso camino que recorrimos de la mano en un instante. Pronto será el día de los enamorados y los acordes de una guitarra eléctrica y señera, me conminan a llevarte de nuevo a bailar, a compartir en una baldosa o en la pista extendida de un tango amigo, el repaso maduro de aquel primer baile. Para brindar en esa plañidera melodía adolescente por todo ese amor fulgurante que sigue prendido a tus ojos y los míos. Esas promesas cumplidas que se hacen beso cada vez que nos aislamos en esos crepúsculos de luna, en nuestras caminatas entre mar y desiertos, con un baile por huella, saboreando nuestro amor impaciente, que quizás nació en una playa solitaria o en un sonambulismo, ya no lo recuerdo.

Atacama, Domingo, 3 de Febrero de 2008.

Saturday, January 26, 2008

Libertinaje en perjuicio del amor

Libertinaje en perjuicio del amor

Con la chiva de que hay que dar a la gente lo que quiere, los operadores de la sociedad de consumo degradan la sexualidad y la convierten en ejercicio gimnástico

Hernán Narbona Véliz
(02/07)

CUANDO EN 1987 publiqué mi segundo poemario, Eroscidio, Amática contra el Desamor, en 1987, y que me prologara Don Andrés Sabella, tuve muchas veces que explicar el alcance de su título. “Eroscidio” era un neologismo que inventé para significar el homicidio del Amor, el avasallamiento del sano y mágico erotismo que hace girar la vida y direcciona las energías del ser humano, sustituyéndolo por lo burdo, lo chabacano, lo genital.

Voy a referirme, recordando esos versos, a una peligrosa tendencia. La decadencia que se observa en el tratamiento mediático de la sexualidad. El tema del Amor, de la afectividad, de las relaciones de pareja, ha sido colocado por muchos medios de comunicación a la altura de los genitales.

Un tema donde es preciso despejar los fundamentalismos, las posiciones duras de instituciones o grupos políticos y religiosos, que quisieran censurar dogmáticamente las decisiones personales y, por otra parte, la posición de grupos que creen que tolerancia es pasar a llevar los derechos de los demás, invadiendo su espacio y su privacidad, postulando un libertinaje sin freno.

Escribo este artículo sin pretender lecciones de moralidad, sino advirtiendo desde el sentido común, como padre de familia y comunicador social, las amenazas que encierra esta degradación de la emotividad.

Considero haber tenido frente a la sexualidad una actitud consecuente y de vanguardia, pese a los esfuerzos de mi madre en transmitirme sus códigos morales de época, en donde los tabúes abundaban, imponiendo a los jóvenes conductas llenas de hipocresía a la hora del comidillo en la entrepierna. “Aquello” se hacía con la luz apagada, la esposa no debía expresar su goce, debía recibir pasiva la acción del esposo, haciendo gala de su virginidad. Desde niño sentí que ofendía la inteligencia ese actuar fruncido y acartonado.

Siempre sostuve que entre el hombre y la mujer –así, sin fundamentalismos de género, que a mi juicio rompen la conjunción maravillosa de la pareja- debe haber absoluta libertad en la entrega mutua.

Los que atentaban en contra de una sexualidad profunda en los afectos, en el ensamble de hombre y mujer, eran, desde mi percepción, la industria mundial de la pornografía, el individualismo -como actitud extendida, que se situaba en la médula de un mundo resuelto por el mercado- y el hedonismo, que marcaba esa tendencia a olvidar tu historia y tus compromisos, a pasarlo bien, a vivir sin límites en la ruta del placer. Y por derivación, veía entonces que una confusión entre libertades ciudadanas y este libertinaje que ya había visto en Holanda y varios países de Europa, llevaría a una peligrosa expansión del consumo de drogas, frente al dejar hacer y dejar pasar de una sociedad que abandonaba los mínimos marcos éticos,

Desde la visión poética, la Amática contra el desamor era mi propuesta política. Era necesario blindar el amor para que no se degradara en la sociedad de consumo; era una tarea para la poesía ir a la reconquista: “Alerta, poesía, resistamos…entramos a la era tecnotrónica. Herodes se ha vestido de pragmático, el Poder nos manipula hasta el cansancio”.

“Amática” era una invitación a actuar, a tirar los cordajes para navegar en la construcción del amor. Un Amor entendido como un abrazo a la libertad, el desmantelamiento de los tabúes y la defensa de los sueños en lo cotidiano, no en la simple pasión sino en el amor sin tiempo. Allí estaban el juego, la conquista, la seducción, el compañerismo, el proyecto común, los esfuerzos de familia, la risa, la gratuidad de la pasión y el cariño.

Hoy, al observar la decadencia ambiental en las relaciones afectivas, con una liviandad generalizada, que convierte al sexo en una gimnasia impersonal, en un producto transable a viva voz, se me viene una profunda bronca porque esta situación es asumida como parte de la “modernidad” sin que existan filtros frente a situaciones que atentan en contra de la calidad de vida y la sana sexualidad de las parejas heterosexuales.

Seguramente, reaccionarán las minorías u opciones sexuales y su respuesta siempre tendrá el argumento de que quien se opone a los excesos es un castrante censurador Al respecto pienso que la exploración sin trabas del sexo duro, lleva a difundir y hacer aceptar como normales conductas que son depravaciones sexuales.

No comparto esa posición que envuelve todo el tema en forma ambigua bajo la manoseada argumentación de las libertades personales. Las drogas, la pornografía, la pedofilia, la zoofilia, la necrofilia, entre otras, son aberraciones sexuales y la sociedad que no previene su difusión pone en riesgo valores fundamentales, como lo son la niñez y la familia.

Cuando en los medios de comunicación masiva, radio y televisión abundan hoy programas que han “genitalizado” la sexualidad, mi actitud pasa a ser casi reaccionaria. Porque creo que no se puede aceptar impávido que en la radio se ofrezca, en horario diurno, a viva voz la oferta de prostitución personal de auditores que usan esos espacios de debate, o sexo en grupos, o sexo a ciegas con citas vía celular, servicios sexuales a quien esté dispuesto a pagar, intercambio de parejas, etc.. Porque no cabe en los conceptos de tolerancia y respeto mutuo, aceptar la difusión de las imágenes chocantes de besos entre un homosexual, Miguel Bossé y otro travestí y luego con un conductor de televisión, besos a pantalla completa, en horario nocturno, día viernes.

¿Qué queda como lección? Lo burdo y lo chocante marcan rating. La publicidad viabiliza el negocio, respalda la producción, sale el estiércol al aire, se logra un buen facturado en publicidad, otros que copian el estilo y, al final, una fuerte degradación en la vida diaria, porque como el asunto apareció en la tele o se escuchó en la radio, es aceptable. Salir en la tele es más importante hoy que una norma sea promulgada en el Diario Oficial.

Así, el desamor se instala en la sociedad y la Poesía sigue esperando “Inventar el día indispensable”.

Tuesday, January 22, 2008

Valparaíso en llamas

La calle Serrano jamás volverá a recuperar su ritmo y colorido. Trizaron su historia. Nerón se refocila en las quebradas ardientes. El agua se mezquina, los mártires son despedidos en antorchas de agradecido dolor. Los cerros se desgranan en cenizas y llantos, el agua no llega a las barriadas. Los caballeros del fuego no logran detener la tormenta roja que devora sueños. Los gorriones emigran de mi puerto, el caminante se desmorona en la tierra negra. Unas manos resignadas construyen dos cruces y dos animitas se suman a los íconos urbanos de un puerto que agoniza, que borbotea reclamos, mientras el agua se encarece, los suelos se enajenan, el patrimonio habitado escapa en llanto. La historia de los cerros porteños es bruscamente tronchada por la ira del viento. Nunca más la tertulia con el mar y la luna. Ya en Valparaíso no caben más animitas. La muerte se explaya por las quebradas de miseria, dos ancianos hacen carbón clandestino para sobrevivir, dos jóvenes calientan su vianda en el fondo de la quebrada.
Allí donde el agua ya no brota de los grifos. el Valparaíso olvidado se convierte en desierto negro, de cenizas y muerte. Habrá que edificar torres de altura para tapar tanto desquicio.

Saturday, January 19, 2008

Esas pequeñas ausencias

Murmuro por los rincones de la casa grande, intentando conversar contigo. De pronto apareces, fruncido el ceño, caminando rápido, irradiando sabe Dios qué gran energía, orbitas por las plantas, les conversas, sabes que te esperan sedientas de tu cariño. Como yo mismo, que languidezco frente a las pantallas, inventando esas conversaciones cómplices, esas risas impublicables que metaforan el amor en lianas cotidianas. Bebo las fresas de un vino fresco y me relajo en el verano, divago mis escapes, rememoro conquistas, hasta que al final me acomodo en la cama grande, hago zapping sin discutir con nadie y eso lo hace absurdo y sin sentido.

Finalmente, resignado a compartirte con los hijos, reconozco mi egoismo infantil y aguardo las medianoches para tomar el aire del Pacífico, que viene soplando desde Pan de Azúcar, riego tus árboles de canto matinal, barro la vereda de nuestra casa y me voy a dormir con la luna a mis espaldas, disfrutando el silencio, teniéndote conmigo, sin verbalizar, sin dramatismos, como el simple caminar juntos, como el desafío cotidiano de inventarnos las auroras y seguir juntos, inexorablemente juntos, deliciosamente cómplices y niños.

Sin decir nada, un lado de la cama queda quieto, inundando tu tibieza la almohada vecina y, en medio de la luna real que intrusea por el ventanal, yo me doy maña para conversarte desde el éter del planeta, éstas, nuestras historias urbanas, de desierto y sal, desde Atacama.

Monday, December 31, 2007

Arpas de amor a medianoche

Te has engalado como una sirena, instalada en una galaxia de aguas rosas, vienes al reposo mínimo que te dejan las horas finales del año. Es un cierre, un recuento tácito, un remanso para seguir bregando, para dar gracias a Dios por mantenernos unidos, en paz y salud.

Humean los sabores, las risas se mezclan con el sudor de un alegre esfuerzo, concluido justo a tiempo. Estás radiante, disfrutas las guirnaldas, la copa espumosa llevará dentro tu anillo de oro y vendrá ese beso de resumen y de prólogo para nuestra infinita aventura.

Tus tres hijos te rodean, sus sueños se acicalan para ir de fiesta, la nieta flota en su sonrisa bromista y el buen perro la escolta por los patios para esperar las doce horas, el primer petardo estremeciendo el tiempo y tú te quedarás conmigo, relajada, sublime como oración, llenando la casona.

La casa iluminada se despierta llena de recuerdos y vienes como promesa para que el año que ingresa se organice a través de tu constante luchar. Amor, suenan las arpas del cielo, se descorcha el vino guardado para ocasiones especiales y en coro nuestras almas se fusionan en un nuevo primer beso.

Tuesday, December 04, 2007

un instante contigo

Respiro, compadezco, vibro, saco mis narices por las ventanillas de los trenes y me despeina la irreverencia del monte, gesticulo, soy energía principiante, escudriñando, flotando en atómica nostalgia o corriendo lleno de verbos por planicies sin oxígeno, tropiezo y me yergo fálico y poderoso de nuevo, frente a las traiciones mi piel se acera y mascullan mis molares una soberbia inédita, camino torpe, empedernido, sacrílego, vital, susurrante ante tu ojos, suplicante ante tu besos, soy todo tuyo, aprendiz constante, oreja para tus susurros de amor, para tus displicentes auroras de leches tibias, tostadas olorosas con mantequilla derretida, bramo tras de tus ausencias, te extraño y dilapido mis horas acurrucándome en tu recuerdo. En esta vorágine de resoluciones y correos electrónicos, encuentro un instante para declararte remozados amores, para compartirte mis delirios de desiertos floridos, de aguas rescatadas de la sal para convertirse en venario verde de las arenas eternas. Soy como me has conocido, gesticulador, bromista, crédulo e indigente de amor, carente de ese tiempo que se aleja y que quisiera borronear por mi feudo encantado para que sólo seamos tú y yo, reposando del amor, hasta doblar esa esquina en que nos toque despedirnos, por un rato.

Monday, November 26, 2007

Idilio de Norte Grande

Volátiles las islas cautivan la mirada y te vas enamorando de un nuevo territorio que te ha regalado la vida. Ahora eres vecino de trenes voladores que madrugan con sus tesoros rojos para ir a entregarlos al pelícano metálico que se empina en Barquito sobre el Asia Pacífico, silbando historias de desierto.

Tu nuevo patio es el océano herido de verdor. Al fondo las mesetas no cesan de sorprender con sus pájaros suicidas, con sus guanacos amigos, con jaurías asesinas de perros abandonados. Caminos de badenes, de lunas trasplantadas, cielos abarrotados de luceros, vientos que esmerilan esculturas en las mesetas minerales; barrancas blancas donde el salar estira su sensual frescura, esfinges desnudas que toman el eterno sol en los montes litorales de Atacama.

Me he asomado a Laguna Verde que es la boca acuosa de un volcán gigantesco, cíclope ojo majestuoso de la cordillera. He captado la naturaleza virgen en familias de guanacos que saludan al paso del viajero. He mojado mis manos en la cascada del Río Lama y me he asomado con cuidado al salar de Maricunga y sus arenas movedizas. He explorado los mantos verdes que se empinan hacia las cumbres en los estrechos valles que llevan a Pircas Negras. He empezado a aprender la odisea cotidiana de vivir en Atacama.

Por allí recorro, encandilado, aprendiendo leyendas, experiencias pioneras, sabores a destierro, caminos collas sumergidos. Hay libros esparcidos entre rocas elocuentes, debo recolectar crepúsculos interminables. Debo sumergirme en la transparente costa de Caldera para hilar caracolas de silencio inmaculado. Debo asumir abierto un nuevo episodio de navegante enamorado.

Tengo trabajo de sobra, entre salares y cordilleras, para compartir con mis nuevos amigos las epopeyas de cordillera, de desconocidos patriotas, de Pan de Azúcar y las primeras exportaciones de minerales. Tengo hoy esta dimensión prestada para aprender del verdadero maremoto de los años veinte, para conocer a Don Máximo Villaflor, el aduanero, y sus lides periodísticas. Entro en la sospecha, en esta amigable empatía, de estar viviendo una increible reencarnación.

Como él, aprendo a respetar las leyes del desierto, asimilando rotundas temperaturas, rocas dibujadas por misterioso orfebre de una dimensión cercana. Planeo conquistar un espacio en estas inmensidades. Traje a esta aventura mis pocas cosas. En Valparaíso dejé las deudas de afecto. Me han comentado las auroras que el amor en Atacama es generoso, espontáneo y profundo.


Chañaral, 26 de noviembre de 2007

Saturday, November 17, 2007

la codicia


LA CODICIA
Fue el pecado original que fracturó el alma de la tierra.
Arrastra grilletes y harapos. Escapó del infierno y se enquistó entre los hombres para dividirlos Los ha repartido por difusas soledades que se fagocitan, trastorna las almas en locura de egoísmo. Es la codicia.

Miente, miente que algo queda. Arrastra alforjas de oro, financia guerras, captura territorios, masacra y gira de cuentas cifradas. Expropia a los comuneros, quema el bosque nativo, se inventa subsidios, extiende plantaciones de ácidos pinos que asesinan coleópteros obreros. Compra trenes de segunda mano. Engaña. Desmaleza asfaltos. Escritura mentiras, come en la mano de los poderosos, traiciona proyectos, atesora sin pausa, corrompe, escala hacia el poder, lo maneja, es la codicia.

Hipócrita ayuda, expropiatoria garra, entrenadas vocerías, flautistas y sirenas. Fumarolas en la tierra, napas milenarias violentadas, tentáculos de cianuro genocida, el oro justifica romper los equilibrios. Sicarios custodios, tinterillos finos de la bestia, demuele templos. Es invasiva. El odio fructifica. Reditúa el egoísmo genocida. En la city porteña es princesa la codicia.

Debilita los nobles hierros. Usa corbatas de seda, zapatos relajados. Roba cemento de las obras públicas. Sus fuerzas mercenarias invaden, crean muros y ghettos. Los sicarios que impone venden la vista al mar, expropian los bordes costeros. Confabula, realiza negociaciones incompatibles, trafica influencias. Es la codicia.

Se inclina pragmática ante el poder, se prostituye sonriente, luce mentiras de diamantes, engoladas mentiras, puentes colapsados, tierras usurpadas. Con blanco guante escribe sus propios decretos. Malsana criatura, es la codicia.

Gárgolas de falsía, coimas del rastrero, Impúdico servilismo, conventos convertidos en expendio de comidas, es la codicia.

Es tiempo de frenarla. Que espíritus fraternos procuren reconquistas.
Blindaje de oraciones desmonte sus mentiras
Sembrar con sacrificio un campo necesario.
Vayamos con el viento hermanando un compromiso.
Un nuevo fundamento que rompa la avaricia.

05 de noviembre de 2007

Saturday, June 23, 2007

QUERIDO...

Querido,

Mi odio no anda

con melodramas…

No es monólogo vaticinado de hembra postergada

No es ni declamado ni espurio.

Siento que lo llevo cual lentejuelas.

Túnica ajustada de lunares rojos

Carmín en mis labios entreabiertos.

Aros de ágata y cobre

alongando mis orejas

para escucharte siempre

Caracola monótona

reeditando por siglos

el engañoso mensaje de tu beso

Así es mi odio…

ciñe mis caderas con ritmos de salsa

Aprieta mis pezones con elevado vuelo

Levanta mis cabellos y se establece

en mi cuello

como incitante mordizco de felino

Mi odio se levanta muy temprano

Empuja catre abajo

mis valles y colinas

Los ordena en didáctica

pirámide de esperas

Luego, me viste con ajuares reprimidos…

me calza las bragas que adivinas,

Portaligas negro,

un suave tobogán de fantasías.

Y me lleva radiante

en el telúrico vibrar de los recuerdos

hasta tu acera, tu espacio, tu oficina.

A florecer en mi odio

con bolcheviques aprestos,

con cimitarras de fuego.

A lucir victoriosa mis perfumes de ocupación

A recibir tus miradas de deseo

como atribulado montepío

que cancelan tus ojos miserables.

Extendiendo hasta nuestra eternidad

los placeres que nunca más

tú y yo consumaremos.

Autor Hernán Narbona Véliz, del libro Voz Prestada, Editorial Nueva Voz, 1989.

Thursday, February 15, 2007

Cuando se prepara una partida


Somos contemporáneos, del mismo signo, de historias paralelas, vecinos. Soy el padrino de su hija menor. Nuestros hijos se criaron juntos, en el mismo barrio, en la misma parroquia de cerro, cantando las mismas canciones, conjugando los mismos verbos de libertad. Fuimos vecinos, luego amigos; más tarde, familia.

Ella sufrió la pérdida de su compañero, atrapado en una infranqueable depresión que lo llevó a cruzar un umbral sin retorno. Ella fue tragando el dolor de la viudez inclemente, trabajando sin pausa en sus pesados turnos de hospital para sacar adelante sus dos hijos médicos. Sus manitas ya no pudieron sostener los pequeños pacientes de la UCI infantil y comenzó a desmoronarse su cuerpo frágil. Ella lucha hoy con su último aliento porque tiene como ancla a su hija adolescente, mi ahijada Mariana.

Mi comadre Amelia, generosa ayudando al prójimo, sabe que está próxima a dejar su cuerpo agobiado y partir a un silencioso reencuentro. Mi amigo Leo, su amor de siempre, seguramente espera conversar con ella, explicar lo inexplicable, botar lejos el insondable dolor de la distancia, para poder estrecharse como uno solo, de nuevo.

La vida tiene esas paradojas trágicas. Amelia fue una excelente enfermera, de un profesionalismo sin par, por eso fue viendo con objetividad científica cómo se deterioraba su cuerpo y lo hizo con una especial serenidad. Lo único que la inflamaba era la preocupación por su hija menor, porque allí quedaban tareas pendientes y seguramente está pidiendo a Dios fuerzas para sobrevivir o para poder extender un manto de amor que proteja a Mariana, su niña.

Esta noche, en Atacama, no puedo acudir a una despedida y se augura su partida inminente. Por eso quiero volcar en estas líneas mi oración, sintiendo que le estoy diciendo a mi amiga un "hasta siempre, comadre"; un "nos vemos pronto".

Porque en la vida deben quedar espacios para poder apretarse las manos y decir gracias. Es lo que le digo a la distancia, gracias por las muchas veces que curaste las heridas de mis hijos; gracias por tu amistad y apoyo cuando fuimos nosotros los que estuvimos en peligro y nos cuidaste. Gracias, comadre Amelia Tapia, por haber sido amigos y por seguir siéndolo, más allá de este paréntesis que se aproxima.

Para Mariana, nuestro modesto apoyo, nuestra palabra y nuestro hogar para cuando lo necesite.
Si no puedo llegar a despedirme de tu madre, te dejo un abrazo sincero y este mensaje que quisiera le susurres a Amelia, como un reconocimiento a su calidad de amiga incondicional, como siempre lo fue y lo seguirá siendo.

Dios le dará a mi amiga Amelia un vestido nuevo, donde el dolor no tendrá cabida, en el que podrá recuperar la alegría y concluir los pesares que la abrumaron por estas cosas del destino.
Amiga, marcha tranquila, que tu hija podrá contar con nosotros, en apoyo y amor de familia.

Cuando partas, amiga y comadre, habrás de saber que nuestro afecto no tendrá fronteras estelares y que como amamos a Leo a ti te hemos amado y que lo único que te deseamos es que vuelvan a estar juntos en la felicidad y la luz del Padre, en esa unidad de amor que hoy se proyecta en vuestros tres hijos, hombre y mujeres de bien.

Amiga, hasta siempre...

Friday, February 02, 2007

Valles del norte: los aromas de un reencuentro


Valles del norte: los aromas de un reencuentro

Hernán Narbona Véliz

escritorhnv@gmail.com

He tenido este verano un especial reencuentro con el norte de Chile. Ha sido una sensación olorosa como tierra mojada, una sensación de mares más profundos, que han tallado los acantilados con figuras etéreas y volátiles; un redescubrir el cielo tachonado de estrellas; una sensación de respeto por el desierto extendido y un desafío íntimo de rescatar de sus entrañas las flores de un nuevo nacimiento.

Esta comunicación con los paisajes nortinos me ha llevado a recordar inconscientemente las bellas sensaciones de mi infancia en Petorca. En esa ciudad trabajó de niño mi padre, ayudándole a su abuela a fabricar chicha de guarda que reposaba en gigantescas tinajas en una casona de barro, que quedaba frente a la cancha de fútbol del pueblo, uno de los lugares de mayor jolgorio los fines de semana. De niño viví extensos veranos e inviernos en ese valle ahora rebosante de verdor que se ubica desde Papudo hacia la cordillera.

Cómo olvidar esa magia de los viajes en tren a vapor, la canasta de meriendas, el termo con té y esa magia irrepetible de la máquina respirando en su ritmo de metales, moviendo el convoy casi a paso de hombre, trepando la cuesta del Melón para entrar a La Ligua, y luego, cruzando por el túnel de Pedegua, seguir por Cabildo hasta Petorca. Un valle encerrado en gigantescos cerros rocosos que era entonces un delgado hilado verde, que subía hasta el Chalaco, en la precordillera.

El valle disputaba al desierto pequeños espacios de verdor; el río en largas épocas de sequía era un fino hilado que se compartía en la comunidad a través de acequias que iban entregando equitativamente el precioso elemento a los sitios sombreados de las casonas de adobe. El aroma de la tierra del norte a la hora del crepúsculo, era como una oración que se elevaba hasta la cruz del alto, hasta donde íbamos de excursión, esgrimiendo aves maría purísima para espantar al diablo. Los inmensos paltos tenían brazos acogedores que regalaban esa palta chilena que en el pan amasado y junto a la leche caliente llenaban de aroma las auroras de infancia.

El río de Petorca venía desde Chincolco y nacía arriba en la cordillera, seguía por Hierro Viejo hasta Cabildo. La vida plácida del norte exigía escapar a las siestas y la comunidad compartía al atardecer, sentada en las veredas, saludándose todos como si recién se vieran; durante el período estival, las plazas se llenaban de veraneantes que se repetían año tras año, en una aventura constante de romances, promesas, insignias que intercambiábamos en los sombreros; pañuelos y cartas de veranos enamorados, que esperaban la reiteración de su encanto para las vacaciones de invierno.

Petorca tenía el encanto de las zarzamoras que creaban pasillos hasta la piscina municipal, el agua del río la cruzaba y la mantenía siempre fresca como un oasis en medio del calor rotundo de la media tarde. Allí se dibujaban los paseos de la tarde, las vueltas en bicicleta, el helado casero que batía con grandes paletas de madera el mismo señor, por muchos veranos, sonriendo al ver repetirse la clientela infantil, convirtiéndose poco a poco en adolescentes que posábamos frente al cajón del fotógrafo de la plaza junto al busto sobrio de Don Manuel Montt.

El Norte chico se cimbra ante mis ojos como esas chilcas del río con las que inventábamos refugios para jugar en pandillas; el río donde juntábamos las redondas piedras para construir las pozas de la temporada. Ese río que en los inviernos nos regalaba escenarios para conversar de penaduras, de apariciones del diablo “que murió en Petorca y en La Ligua lo enterraron”. Así he sentido este acercamiento al norte de Chile, como un mosaico lleno de aromas, como un racimo de esas uvas doradas que después se hacían chicha en las grandes tinajas de greda de mi bisabuela.

En el norte me deslumbré con el rigor del desierto, con el tesón de los mineros de la Mina el Bronce. En esos parajes aprendí a pescar la trucha, aprendí a cazar y me fui de espaldas con el culatazo del primer disparo inolvidable. En esas casas de adobe empinadas en los cerros con muros de coligüe, supe comer las tortillas de rescoldo y el queso de cabra con ajíes rojos que sacaban lágrimas. En esos caminos ripiosos aprendí amar mi tierra y dejar en ella un espacio permanente de afectos que tuve que acomodar junto a mis cerros de Valparaíso, que acunaron mis miradas de infancia.

En este verano de 2007, he tenido un encuentro muy especial con el Norte Grande y he apreciado conmovido la belleza de los caminos precordilleranos, sintiendo que el verdor que nace en medio del agreste clima atacameño, es más fuerte que en el centro y sur; es un verdor rebelde, persistente, que grita su conquista entre las piedras afiladas del desierto salino.

El agua, sinónimo de vida, serpentea como un canto por valles encerrados por el desierto y la mano del hombre va tejiendo gigantescos mantos de verdor que rebasan los valles y se encumbran por los cerros que eran roca milenaria. Admirable y conmovedor el escenario andino mantiene la pureza de ese norte de mi infancia. Aún se mantienen las casas de adobe y los pueblos nómades que transitan los valles con sus animales, yendo y viniendo por los pasos escarpados, manteniendo sus costumbres, generando verdaderas islas donde el tiempo se ha detenido como por arte de magia.

He conocido los valles de Copiapó, he estado nuevamente identificando estrellas, he saludado desde Chañaral a un cometa que pasó este verano y que recién volverá en un par de siglos a aparecer por estos lados. He saboreado la fruta que concentra aromas y conquista el mundo. Soy afortunado de poder repetir sensaciones que creí estaban perdidas en los registros de mi infancia, pero al caminar por las plazas sombreadas de esta tierra, al contemplar atardeceres marinos en Caldera, al recorrer el desierto de Atacama, he imaginado que estoy reviviendo aventuras adolescentes y que en mi retorno a estos paisajes he recuperado una vertiente profunda que me conecta con ese tatarabuelo bucanero que alguna vez se conmovió como yo con estos valles, hincó rodilla en tierra, supo olorosar la tierra húmeda y se dedicó a sembrarla de árboles y de hijos, en una odisea temeraria que le hizo luchar constantemente contra la adversidad y supo sacarle sonrisas al mismo desierto.

Copiapó, 03 de febrero de 2007